Muchas veces se habla de la importancia de que la escuela contribuya a que los niños, niñas y adolescentes sean felices. Sin embargo, pocas veces se aborda de manera explícita uno de los factores que la investigación identifica como más relevantes para el bienestar: la construcción de relaciones de amistad de calidad.

En otras ocasiones ya hemos abordado la importancia de las amistades en la vida de las personas. Sin embargo, sigue siendo un tema que en la mayoría de las ocasiones queda al azar, es decir, no se trabaja desde las primeras edades como un aprendizaje vital que impacta en las trayectorias de vida.

Mi experiencia me ha mostrado que los vínculos de amistad protegen de los sentimientos de soledad, tristeza o abandono que pueden provocar impactos negativos en la salud, y así lo demuestran investigaciones sobre este tema. Sin embargo, nunca me dieron una explicación científica de la relevancia que tiene. Tal como indican Ajrouch et al. (2024), los amigos y las amigas son una fuente vital de relaciones sociales a lo largo de la vida y en todas las etapas del desarrollo. En concreto, encontraron que las mujeres que afirmaron tener relaciones de amistad más positivas a lo largo del tiempo tuvieron una mejor salud 23 años después. Este hallazgo nos indica que cultivar amistades de calidad es un predictor de mejor salud a lo largo de la vida. Pero no es el único estudio que muestra este vínculo.

Lu et al. (2021) indican que las amistades enriquecen nuestras vidas de muchas maneras. Entre otras, nos dan apoyo práctico y emocional cuando lo necesitamos. Este apoyo genera muchos beneficios para la salud emocional y física de las personas: cuanto más priorizan las amistades, más felices y saludables son. Este estudio indica que, cuanto más se valora la amistad y más importantes se perciben las amistades en las vidas, aumenta la probabilidad de tener relaciones de mayor calidad. Un estudio anterior que utilizó la Encuesta Mundial de Valores encontró como predictor de una mejor salud y mayor felicidad de las personas el hecho de valorar la amistad como algo muy importante en sus vidas. También se comprobó que valorar más las relaciones familiares ejerce una influencia estática en la salud y el bienestar a lo largo de la vida. Estos hallazgos nos hacen pensar en el potencial de las amistades más allá de las características de la familia que tengas.

Para caminar hacia el sueño con el que comienza este artículo, es decir, para que la educación contribuya a que las personas sean más felices, es necesario saber que es muy importante crear lazos sociales y amistades de calidad. Como muestra este otro estudio, si se excluye la personalidad y los genes como factores explicativos, las relaciones sociales se encuentran entre los determinantes más importantes del bienestar (Layard, 2005). Aquí, destacan que la frecuencia de contacto y el número de amigos y amigas, así como una mayor heterogeneidad de la red de amistades, aumentan la posibilidad de recibir ayuda de esos amigos y amigas y esto, a su vez, aumenta el bienestar subjetivo, es decir, la sensación de felicidad.

Quizá por eso resulta tan acertada la reflexión atribuida a Rabindranath Tagore cuando afirmaba:

«La verdadera amistad es como la fosforescencia: resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido.» (Tagore citado en Proverbia, s. f.)

La investigación científica confirma hoy lo que esta metáfora sugería hace tiempo: son precisamente los vínculos de amistad auténticos los que iluminan los momentos más difíciles de nuestras vidas. Aprender a construirlos y cuidarlos no debería depender del azar; abrir espacios de diálogo sobre estos temas (basados en evidencias científicas) en las escuelas e institutos, así como leer y debatir la mejor literatura, es una forma efectiva de mejorar el bienestar de todas las personas.

Imagen: Magnific
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Doctora en Educación. Durante 23 años maestra de pedagogía terapéutica y educación primaria y 8 años directora del CEIP L'Escolaica. Profesora en la Universidad de Valencia.