Un estudio publicado en The Lancet Healthy Longevity muestra que, cuando está bien estructurado, el voluntariado no solo beneficia a quienes reciben ayuda, sino que también transforma profundamente a quienes lo ejercen, especialmente en la edad adulta avanzada.

A lo largo de un año, 375 personas de entre 50 y 70 años en Hong Kong —todas mayores que experimentaban soledad— participaron como voluntarias en un ensayo clínico. Tras seis semanas de formación, ofrecieron apoyo telefónico a otras personas mayores en situación de vulnerabilidad. En ese proceso, no solo proporcionaron compañía a quienes lo necesitaban, sino que también encontraron algo valioso para ellas mismas: un mayor bienestar emocional, motivación y un renovado sentido de propósito.

El estudio no solo documentó mejoras en indicadores emocionales y sociales, sino que también identificó una correlación directa entre el voluntariado continuado y los beneficios personales percibidos. Aquellas personas que mantuvieron su labor voluntaria más allá del periodo inicial (al menos dos horas por semana) conservaron niveles más altos de satisfacción vital y bienestar general incluso un año después.

De hecho, la investigación demostró que la continuidad en el voluntariado potencia y prolonga esos beneficios. Se observó una relación clara entre la participación activa mantenida —al menos dos horas por semana— y unos niveles elevados de bienestar general y satisfacción con la vida sostenidos en el tiempo, incluso un año después de comenzar el programa. Por tanto, el compromiso a largo plazo actúa como un motor que fortalece la salud emocional y el sentido de propósito a lo largo del tiempo.

De este modo, el voluntariado puede ser un espacio de transformación personal, donde no se trata solo de ayudar a los demás, sino también de encontrar sentido en el propio acto de participar. Mantenerse socialmente activo protege la salud mental, estimula la autonomía y refuerza la autoestima.

Esto abre una oportunidad crucial para las políticas públicas: si queremos sociedades más longevas y saludables, debemos dejar de ver a las personas mayores únicamente como receptoras de servicios y empezar a integrarlas como agentes de cambio.

[Este artículo fue publicado por primera vez en Daily 27, el 21 de julio de 2025]
[Imagen: foto de Julia M Cameron en Pexels]
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Investigadora predoctoral en la Universitat de Barcelona