Mañana comienzo una nueva etapa de colaboración en la mejora de la sociedad, para hacerla menos sexista, menos racista y menos edadista. Una profesora de la UB con la que colaboro nació en 1996, el mismo año en que yo entré como profesora en la Universidad de Barcelona. Ella se encuentra con una universidad mucho mejor y ya está trabajando intensamente por aquella, todavía mejor, que encontrarán las personas están naciendo ahora, entre las cuales hay algunas que forman parte de nuestras familias. Me llevo grandes recuerdos de todas las personas con las que, en algún momento de esta trayectoria, coincidimos trabajando y también luchando para conseguir esta mejora.

Siendo ya una feminista activa bajo el franquismo y habiendo participado en las jornadas feministas del 76, me sorprendió encontrarme veinte años después con una universidad sin comisiones de igualdad ni protocolos, que afirmaba que no existía acoso sexual en su interior y nos amenazaba si lo investigábamos, asegurando que así desprestigiábamos a la institución y generábamos conflictos internos. Tuve la persecución, el honor y la valentía de dirigir el I+D que generó el cambio de toda esta situación. Me voy también perseguida por lo mismo, pero ya sin que nadie se atreva a cuestionar lo que hemos conseguido, aunque, igual que hace 29 años, se sigan oponiendo con la misma radicalidad a las metas que lograrán las jóvenes que ahora tienen esa edad.

Desde jovencita había hecho voluntariado en los barrios populares, teniendo como referente a Paulo Freire y su alfabetización. De las jornadas del 76 salieron muchas de las que ocuparon cargos políticos en los años siguientes. Otras decidimos quedarnos en los barrios populares, creando el feminismo de todas las mujeres, impidiendo el monopolio en el movimiento de las voces de aquellas con más poder y la exclusión de las mujeres que, a menudo sin contrato, trabajaban limpiando en los hogares de otras. Con ellas elaboramos los primeros criterios de detección de la violencia de género y de actuación para que las víctimas se transformaran en supervivientes. Lo que se prohibía en la universidad ya se estaba desarrollando en un barrio popular en el que tuve la suerte de participar y en el que Paulo Freire vivió grandes momentos.

Ahora dedicaré gran parte de mi tiempo a colaborar en las transformaciones de este mismo barrio, que ya ha conseguido materializar el sueño que elaboró cuando era una zona marginal en 1978 (incluyendo la biblioteca que recibió el premio a la mejor del mundo en 2023) y que ahora está alcanzando nuevas metas. Pasaré mucho tiempo en el local donde estará la fundación que lleva el nombre de Jesús Gómez “Pato”, quien fue profesor de la UB y también el mejor amigo que aquí tenía Paulo.

Seguiré, como siempre, disponible para todas las personas motivadas por la infinita bondad, la belleza y la búsqueda de la verdad que existen en este mundo.

Un abrazo a todas y todos.

Imagen: Freepik
Este artículo fue publicado por primera vez en Diario Feminista el 29 de septiembre de 2025
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Catedrática en la Universitat de Barcelona. Feminista desde antes de participar en las jornadas de 1976. Directora del primer I+D sobre violencia de género en las universidades españolas