Las comunidades de aprendizaje estuvieron desde el inicio, están y estarán abiertas a todas las actuaciones que demuestran científicamente que generan la mayor mejora de resultados, el mayor impacto social. Nacieron en un contexto de guerras e imposiciones metodológicas que, como tenían malos resultados, se dedicaban a justificarlos atacando a quienes sí estábamos logrando buenos resultados. Atacaban la palabra sueños diciendo que acabarían en pesadillas, los resultados diciendo que lo importante eran los procesos, la palabra éxito diciendo que ese era el modelo neoliberal, la ciencia diciendo que la educación no era medicina, las altas expectativas diciendo que el nivel educativo dependía del nivel socioecónomico, etc. En ese contexto podían dedicarse a las guerras metodológicas, pues no había criterio científico para ver su influencia en los resultados.

En esa situación, hubo posturas (incluso de personas que trabajaban en comunidades de aprendizaje) que decían que en los grupos interactivos las actividades tenían que hacerse con metodología de proyectos, o con un determinado enfoque metodológico de la lectura. Clarificamos que las evidencias científicas ya disponibles hace muchas décadas mostraban que esas guerras e imposiciones metodológicas empeoraban los resultados. Ha habido y hay grupos interactivos con muy excelentes resultados que organizan sus actividades con muy diversas metodologías. La investigación excelente aporta evidencias científicas de impacto social sin necesidad de hacer perder tiempo a las escuelas que tan intensamente están trabajando por lograr las mejoras de resultados. Hay evaluaciones institucionales como PISA, PIRLS, pruebas de diagnóstico que aportan datos sobre si hay mejora o no de resultados en algunos de los aprendizajes. Hay también evaluaciones internas que hacen las propias escuelas. Hay también encuestas internacionales de valores y otras que aportan ítems que luego son comparables entre nuestra escuela, nuestro país y el mundo.

Siempre rechazamos que vinieran a evaluar grupos y personas con escalas validadas, instrumentos de quienes se autonombraban capaces para analizar lo que estábamos haciendo y para proponer cómo modificarlo. A pesar de esa oposición, algunos de esos grupos ha logrado imponerse en algunas comunidades de aprendizaje y han perjudicado seriamente sus resultados; en algunas ocasiones han destruido el proyecto en ellas. Esa oposición que iniciamos en Comunidades de aprendizaje se ha convertido ahora en un requisito de la investigación científica en todos los ámbitos. Un requisito es el impacto social: ningún instrumento puede aplicarse en una escuela si no ha demostrado previamente que su aplicación ha mejorado los resultados en algún lugar, igual que no pueden aplicarse en un hospital medicamentos que no han demostrado superar el problema de salud en cuestión. Hacerlo va contra todo criterio científico y ética, y usa a la infancia como conejillos de indias para otros intereses. Disfrazar los dogmatismos metodológicos, por ejemplo, de altas o bajas expectativas es muy grave; las altas expectativas son un requisito de cualquier actuación educativa de éxito y, por tanto, de los grupos interactivos. Pero hay que dejar muy claro que eso no depende de las opciones metodológicas.

Por favor, todas las personas y grupos investigadores que quieren contribuir al derecho a la educación, que vengan a las escuelas a hacer de voluntariado y simultáneamente investiguen en las líneas de la investigación del máximo nivel de excelencia mundial que ha permitido esas mejoras de resultados. Que no vengan a probar si su ocurrencia funciona o si las escalas validadas en las que creen sirven para algo.

[Imagen: Freepik]
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Profesora de Sociología de la Universidad de Barcelona