En la antigüedad, ni la pintura ni la escultura o la arquitectura eran consideradas arte. La palabra artista no se usaría para definir a quienes pintaban cuadros hasta el Renacimiento, cuando el mecenazgo comienza a dar estatus a las obras. Es en el siglo XIX cuando el mercado comienza a atribuir un estatus casi divino a pintores y escultores. Este “velo de deidad” otorgaba a estos artistas protección ante cualquier crítica incluso si en sus vidas personales estaban yendo en contra de los derechos humanos o despreciando a la ciudadanía. En los últimos años, por suerte, la situación está cambiando y las personas se están posicionando frente a estos hechos.

La obra del escultor Richard Serra desencadenó una serie de debates y protestas tanto en Nueva York como en Barcelona, revelando tensiones entre el arte contemporáneo y las percepciones ciudadanas. En Nueva York, la oposición ciudadana logró vencer al lograr la retirada del muro de Serra, pero en Barcelona su muro permanece en pie. Este muro se ubicó en un parque del barrio de la Verneda, generando problemas para sus residentes, especialmente para los niños y las niñas y sus familias. 

La postura polémica de Serra hacia la ciudadanía fue evidente en declaraciones como “El arte no es placentero. No es democrático. El arte no es para el pueblo”. Este posicionamiento es antidemocrático, muy contrario al diálogo así como a la participación de la ciudadanía en el arte. Algunas administraciones justificaron su decisión argumentando que la clase obrera no aprecia el arte; sin embargo, los residentes respondieron con ingenio, sugiriendo que el muro debería situarse en áreas de clase alta si esa fuera la preocupación. Hubo otros intentos de persuasión por parte de las autoridades, como resaltar el valor monetario del arte de Serra o la supuesta experiencia en fábricas del artista. 

Estos argumentos fueron rebatidos por las personas del barrio, quienes afirmaron que valoran el arte por su belleza y no por criterios de mercado, y que su experiencia laboral les otorga un entendimiento más profundo del paisaje industrial que el que hizo Serra. En medio de este debate, surge una crítica hacia ciertos artistas que intentan imponer el arte como algo únicamente propio del artista, porque no lo es, sino que surge de las creaciones sociales más profundas. Muestra de ello es la nombrada mejor biblioteca del mundo, situada en este mismo barrio, que surgió del sueño de las y los participantes de la escuela de personas adultas.

El sueño inicial de las personas de esta escuela era tener una biblioteca. Al inicio estuvo en la tercera planta de la escuela de personas adultas y, después, en un nuevo edificio independiente diseñado junto a la ciudadanía, el cual resalta la belleza arquitectónica que puede surgir cuando se incorporan las ideas artísticas y las perspectivas “bottom-up“. La inauguración de la Biblioteca Gabriel García Márquez ha generado un impacto positivo y se aleja de cualquier forma de capitalismo depredador que excluye la libertad y la belleza en las creaciones humanas. Este logro fue posible gracias al diálogo igualitario, así como la colaboración de expertos de diversas áreas del conocimiento. Así es el arte social que tanto gusta y desea la ciudadanía, el que se basa en la teoría de la Sociedad Dialógica.

[Imágenes: Biblioteca Gabriel García Márquez, ub.edu – Fotografía original de El muro]

Por Garazi Álvarez

Investigadora predoctoral en Educación, Universidad de Deusto