Aunque llevo participando muchos años en el Seminario A Hombros de Gigantes de Valencia, hasta el presente curso escolar nunca antes había formado parte de una comisión que trabajara tan directamente contra la violencia, concretamente contra el abuso sexual infantil. Este espacio de formación me brinda la oportunidad de dialogar con otras personas en torno a un tema tan preocupante y delicado, aprendiendo y contribuyendo como maestra a superar este tipo de violencia existente en nuestra sociedad. Así, con el sueño de erradicar el abuso sexual infantil, una de las últimas tertulias realizadas ha sido sobre un artículo clave para entender, por una parte, por qué se denuncia poco y, si se hace, por qué tantos años después de haberlo sufrido; por otra, qué factores facilitan que sea denunciado cuanto antes.

En este artículo, Barreras y facilitadores para revelar el abuso sexual en la infancia y en la adolescencia, se visibiliza claramente que los niños y las niñas, así como los y las adolescentes que sufren abusos sexuales, en la mayoría de los casos, no los denuncian cuando los están padeciendo por varios motivos: sentimientos de vergüenza, culpa, falta de apoyo y referentes de confianza, miedo a las represalias… También se destaca la necesidad de llevar a cabo programas escolares de intervención que reduzcan todos estos sentimientos anteriormente citados, facilitando así que se revelen los abusos sufridos. Sin embargo, lo que destaca como clave es la necesidad de alentar a familiares, amigos, docentes y otros profesionales de primera línea a identificar pistas de abuso y a preguntar directamente al niño, niña o adolescente sobre la posibilidad del abuso para dar el apoyo oportuno.

A modo de resumen, los facilitadores detectados para revelar el abuso sexual lo antes posible con el objetivo de frenarlo serían: 

  1. Preguntar directamente a los niños y niñas sobre posibles abusos, particularmente a través de una persona de confianza. 
  2. Fomentar relaciones cercanas y de confianza
  3. Proporcionar información sobre el abuso sexual a través de conversaciones significativas para ellos y ellas, superando la falta de información. 
  4. Asegurar apoyo emocional positivo y comprensión, creyendo a la víctima para minimizar el sentimiento de culpa o de vergüenza y reduciendo el miedo que puede sentir por las consecuencias posteriores.  

Así pues, las escuelas tenemos un papel crucial para desarrollar aquellas actuaciones que, de la mano de la ciencia, posibiliten espacios seguros donde cualquiera pueda sentirse libre de revelar algo así a una persona de confianza, porque sentirá apoyo en lugar de culpa o vergüenza. En un siguiente artículo compartiremos algunos de los programas que aseguran estos facilitadores y se han demostrado eficaces. 

[Imagen: Freepik]

Por Elísabet Gómez

Maestra de educación infantil y primaria