La educación de personas adultas refleja la posibilidad inherente a las personas de adquirir conocimientos a lo largo de toda la vida.

Nuestro sistema nervioso no es estático; puede adoptar cambios en su estructura y funciones en respuesta a factores ambientales, genéticos y epigenéticos. Los estímulos ambientales, las experiencias, tienen una gran influencia en estos cambios. Ha transcurrido más de un siglo desde que Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel en Fisiología o Medicina, expuso la plasticidad neuronal y cómo el ambiente puede promover cambios en las neuronas y en las conexiones que se establecen entre ellas. Rita Levi-Montalcini, también premio Nobel de Fisiología o Medicina, explica que, gracias a la plasticidad neuronal, el cerebro puede seguir funcionando perfectamente a una edad avanzada, ya que, a pesar de perder algunas de sus capacidades, las sustituye con otras que compensan e incluso superan a las perdidas. Así, la pérdida neuronal que se produce con la edad es compensada con el aumento de las conexiones entre ellas o la utilización de circuitos neuronales alternativos. En el desarrollo de la capacidad del sistema nervioso de realizar estos cambios y adaptaciones, tiene gran influencia la calidad de las experiencias sociales vividas.

La ciudadanía ha decidido de forma democrática el derecho al acceso igualitario de todas las personas, también las adultas, a una educación de calidad, y así está recogido en los objetivos de desarrollo sostenible establecidos por la ONU. Las personas adultas tienen la capacidad y el derecho de participar en la educación y, además, con ello contribuyen a mejorar y enriquecer la sociedad. Son muchos los ejemplos de personas adultas que lideran transformaciones sociales a través de acciones educativas. La Escuela de Personas Adultas La Verneda-Sant Martí es un ejemplo y referente de ello; desde su origen en 1978, han liderado la mejora de todo un barrio a través de la participación de la comunidad en la educación. Otro ejemplo de ello es la Asociación Gitana de Mujeres Drom Kotar Mestipen, en la que mujeres de todas las edades trabajan conjuntamente para conseguir el acceso igualitario de las mujeres y niñas gitanas en todos los espacios educativos, sociales y laborales. Son también incontables las personas adultas que participan en tertulias literarias dialógicas y en otros tipos de tertulias en todo el mundo, dialogando en torno a las mejores obras escritas, mejorando su bienestar y el de su entorno; personas adultas migrantes que aprenden un nuevo idioma a través de clases de alfabetización; familiares que participan en las escuelas, o que que continúan sus estudios en la adultez.

Son solo algunos de los muchos ejemplos que podemos encontrar de cómo las personas adultas mejoran la educación, desde un profundo sentido, al mejorar así también la humanidad. 

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Por Alba Crespo

Graduada en psicología en la Universitat de València y estudiante de máster en psicología general sanitaria en la Universitat Rovira i Virgili