Salvaguardar la diversidad en los centros educativos 

Actualmente las sociedades y los centros educativos son cada vez más diversos y, sin embargo, el valor de la diversidad es cuestionado por algunas personas, legislaciones o movimientos, poniendo en riesgo los beneficios que aporta para el presente y el futuro de las sociedades. Una reciente publicación de la Asociación Americana de Psicología (APA) dejaba patente la necesidad de salvaguardar la diversidad en las organizaciones y en las escuelas ya que, tal como apuntan, décadas de investigaciones han demostrado que la diversidad es beneficiosa para las organizaciones, las comunidades, la educación y la sociedad en su conjunto. Un ejemplo es el hecho de que la asistencia sanitaria mejora cuando los equipos son más diversos. 

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible son metas que la humanidad debe alcanzar en los próximos 15 años para afrontar los retos de la sociedad actual. En total son 17 y entre ellos encontramos el de educación de calidad, el de reducción de las desigualdades o el de paz, justicia e instituciones sólidas. Si tenemos en cuenta lo que explica el doctor Robert Sellers, profesor de psicología de la Universidad de Michigan que estudia la diversidad y la identidad racial, veremos que, si no protegemos e impulsamos la diversidad en los centros educativos garantizando el éxito de todos y todas, difícilmente lograremos dar una respuesta a esos desafíos: 

«Si no tenemos una población diversa que examine estos retos, nos afectará enormemente a todos. Sufriremos como sociedad».

La igualdad de diferencias, la solidaridad y la creación de sentido son principios del aprendizaje dialógico (Flecha, 1997) que están permitiendo que muchos centros educativos sean entornos seguros que ofrecen las mismas oportunidades de aprendizaje, de decisión, de participación y de aprendizaje a niños, niñas y adolescentes muy diversos. Sin sus aportaciones tendríamos una única forma de “ver el mundo” y perderíamos las diversas perspectivas –que les dan sus experiencias vividas– necesarias para resolver problemas y afrontar diferentes retos.   

La APA recoge una idea obvia y es que, si la persona más brillante que puede resolver un determinado problema de ingeniería, por ejemplo, tiene una discapacidad física o de aprendizaje y carece de acceso a las oportunidades educativas o laborales adecuadas, todos salimos perdiendo. Esta misma idea la expresaba Ramón Flecha (1997) en el libro Compartiendo palabras:

«La aportación de cada uno es diferente a la del resto y, por tanto, irrecuperable si no se tiene en cuenta. Cada persona excluida es una pérdida irreemplazable para todas las demás»

Rompamos los muros antidialógicos, valoremos la inteligencia cultural de personas diversas, impulsemos el diálogo igualitario que supera las barreras haciendo realidad que todas las personas se atrevan a hablar en público, que se sientan seguros y seguras cuando den sus opiniones, sin miedo a ser menospreciados. Podemos abrir el camino hacia la excelencia que aporta la diversidad en los centros educativos y en las sociedades. Trabajemos para que nadie se quede atrás y no perdamos ese conocimiento que necesitamos para que, en los próximos 15 años, hayamos logrado esos objetivos que nos unen. 

Acabemos el curso con bellos sueños y propósitos que mejorarán las vidas de otras personas y también las nuestras. 

[Imagen: Freepik]
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Doctora en Educación. Durante 23 años maestra de pedagogía terapéutica y educación primaria y 8 años directora del CEIP L'Escolaica. Profesora en la Universidad de Valencia.