Imagen creada con IA y supervisión humana

Muchas personas nacidas ya en democracia creen que las coplas fueron creadas o popularizadas durante el franquismo y frecuentemente las identifican como anticuadas y más machistas que las canciones actuales. A finales del siglo XX, quienes entonces eran jóvenes escuchaban a sus madres y abuelos cantar Ojos verdes, popularizada por Miguel de Molina y Concha Piquer, a menudo desde los prejuicios de su socialización.

Sin embargo, las evidencias históricas cuestionan profundamente esa identificación de la copla con el franquismo. Sus orígenes y su desarrollo artístico están estrechamente relacionados con la cultura popular anterior a la dictadura y con figuras fundamentales de la Generación del 27. Veamos algunos hechos.

Ojos verdes tiene una historia extraordinaria. Según contó Miguel de Molina, su gestación estuvo vinculada a una conversación en la Granja Oriente, situada en la Rambla de Barcelona, la noche del estreno de Doña Rosita la soltera, de Federico García Lorca, en 1935. Allí se reunieron Lorca, Rafael de León y el propio Miguel de Molina. En la conversación surgió la relación entre los versos que preparaba Rafael de León y el Romance sonámbulo de Lorca, con su célebre «verde que te quiero verde». La copla fue creada por Rafael de León, Salvador Valverde y Manuel López-Quiroga, y Miguel de Molina y Concha Piquer se convirtieron en dos de sus intérpretes más destacados.

La copla moderna no nació durante el franquismo. Tenía precedentes en la literatura, la música popular y los espectáculos musicales de las primeras décadas del siglo XX. Su desarrollo artístico recibió un impulso fundamental durante la Segunda República, en un ambiente de renovación cultural en el que participaron artistas vinculados a la Generación del 27.

Una figura decisiva fue La Argentinita, que en 1931 grabó canciones populares españolas con Federico García Lorca al piano. En 1933, su compañía estrenó en Cádiz una nueva producción de El amor brujo, de Manuel de Falla, y posteriormente presentó espectáculos como Las calles de Cádiz. Aquella actividad contribuyó a transformar y renovar las formas tradicionales de la música y la danza españolas.

Ojos verdes y La bien pagá alcanzaron notoriedad en los años treinta. La transformación de la canción popular en una forma artística de gran riqueza poética, musical y escénica estuvo vinculada a esa efervescencia cultural anterior a la dictadura.

También es revelador lo que ocurrió con algunos de sus protagonistas. Sabemos que Federico García Lorca fue asesinado en 1936. Miguel de Molina, homosexual y vinculado a la cultura republicana, sufrió una brutal paliza a manos de falangistas, además de prohibiciones y persecución, hasta verse obligado a exiliarse en 1942. Rafael de León, también homosexual y amigo de Lorca, pertenecía a una familia aristocrática y pudo continuar su trayectoria artística durante la dictadura, aunque su vida y su obra estuvieron condicionadas por las normas sociales y la censura de aquella época.

Es cierto que el franquismo utilizó la copla y que muchas de sus grandes intérpretes desarrollaron sus carreras durante la dictadura. Pero eso no convierte al régimen franquista en creador de un género que ya había alcanzado una notable madurez artística durante la República. Tampoco permite identificar toda la copla con una única visión de las mujeres, el amor o las relaciones de género.

Los hechos históricos desmienten, por tanto, la narrativa que reduce la copla a un producto cultural del franquismo. Esa simplificación ha contribuido a invisibilizar parte de su historia y a transmitir a nuevas generaciones prejuicios sobre unas canciones de enorme riqueza artística.

La narrativa tiene un valor fundamental como arte, pero se degrada cuando se usa para sustituir a las evidencias cuando pretendemos describir la realidad histórica. Quienes amamos la poesía, la música, la democracia y la igualdad de género podemos valorar críticamente las coplas, reconocer sus contradicciones y recuperar también las voces de las mujeres a quienes se las escuchábamos cantar.

+ posts

Cofundadora de Me Too Schools. Profesora universitaria y titulada de Conservatorio Superior en música.