A menudo hablamos de la importancia de llevar a cabo actuaciones educativas de éxito en nuestros centros, asegurar que aquello que hacemos en las aulas sea lo mejor que podemos ofrecer al alumnado. Pues bien, el pasado 4 de diciembre se celebró en la Universidad de Valencia el VI Encuentro Intercentros para la Prevención de la Violencia contra las Mujeres, donde más de 300 jóvenes de entre 10 y 14 años compartieron una jornada que seguro que ha supuesto un gran impacto en su presente y futuro.

En primer lugar, escuchamos la conferencia de Ane López de Aguileta, que contó su experiencia como víctima de acoso sexual en edad escolar y cómo la amistad fue clave en su superación, mostrando cómo el joven público que estaba presente puede prevenir estas situaciones con buenos amigos y amigas, sabiendo identificar todo tipo de violencia y diciendo «no te lo permitiremos» a los agresores. Fue impresionante ver a los jóvenes tomando apuntes, preguntando a la ponente y lanzando mensajes positivos y de entusiasmo sobre la amistad.

En la segunda parte de la jornada, los asistentes nos dividimos en diferentes espacios de la facultad para participar en espacios de diálogo con el artículoLa presión social para tener ligues con violencia”. Al principio parecía que no sería fácil atreverse a hablar con compañeros y compañeras desconocidos de otros centros, pero enseguida «nos dimos cuenta de que hablamos el mismo idioma, y que hacemos referencia al mismo artículo; esto lo ha hecho todo fácil, y muy divertido y enriquecedor», tal como me dijo un alumno.

En el aula donde tuve la suerte de participar teníamos alumnado de tres centros, un específico (de educación especial) y dos ordinarios. El diálogo fluyó de manera natural, cada cual basándose en las evidencias que habíamos leído, y compartíamos nuestras opiniones y vivencias. Cuando una alumna del centro específico de Cheste dijo «ahora estoy muy bien, pero en el cole de antes sufrí bullying», rápidamente otros niños la felicitaron por la valentía de compartir una cosa tan íntima, y un alumno muy emocionado dijo «siempre tenemos que poner la mirada en la víctima, cuidarla y dar la espalda a los agresores, hasta que cambien y traten bien a todos». Otros alumnos concretaron diciendo que «la amistad es un escudo muy potente».

Otro alumno con diversidad funcional quiso compartir una frase muy clara y directa: «paz, amor y amistad», a lo que otro alumno le respondió que «es muy importante lo que dices, así acabaría toda la violencia en el mundo y estaríamos más felices, muchas gracias». El ambiente que se creó fue emotivo, de un alto nivel intelectual y muy impactante.

Después de la jornada, los impactos no tardaron en verse: en el parque donde fuimos a comer se organizó un partido improvisado donde alumnado del centro específico y de los ordinarios se coordinaron y gestionaron para jugar a fútbol; otros se contaron experiencias y se presentaron, y disfrutaron del tiempo libre de forma segura y sabiendo que comparten los mismos sueños de amistad. Al día siguiente, en la escuela, siguen brillantes las miradas: «es la mejor excursión que hemos hecho nunca», «me encantaría repetir», comparten algunos alumnos.

Incluso cuando hacemos en clase la tertulia literaria dialógica de Orgullo y Prejuicio resuenan las palabras de Ane López de Aguileta:

«Wickham quiere llevarse a Lydia a Escocia para aprovecharse. Esto es la violencia de género aisladora: sin la familia ni amigos cerca, será muy fácil de manipular».

Cuando volvimos a clase, los alumnos y alumnas escribieron en un breve texto cuáles eran sus impresiones. En general, podemos sentir el entusiasmo con que han vivido este encuentro, su agradecimiento a la universidad y las ganas de repetir: «Me he sentido más libre y participativo que nunca»; «me ha encantado cómo Ane ha contado su pasado sin miedo, y superagradecida de que la escucháramos»; «participar en la tertulia daba un poco de vergüenza, pero me gustaba escuchar a todos y todas, y me he animado a participar».

Sin duda, ha sido una de las jornadas que más impacto ha dejado en mí y en mi alumnado en todos mis años de experiencia docente, porque es un ejemplo claro de cómo la educación puede ser y es un motor de cambio y mejora en la vida de las personas.

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Maestra de infantil y primaria