Una de las canciones más conocidas y celebradas en los movimientos educativos de los años 90 comenzaba recitando las siguientes palabras:
Hay hombres que luchan un día y son buenos
hay otros que luchan un año y son mejores
hay otros que luchan muchos años y son muy buenos
pero hay los que luchan toda la vida
esos son los imprescindibles.
Es la canción “Sueño con serpientes”, de Silvio Rodríguez, y atribuye esas palabras a Bertolt Brecht.
¿Qué hacen hoy quienes hace décadas celebraban esas palabras? ¿Quiénes siguen luchando toda la vida como lo hacían entonces? ¿Cómo valoran hoy a quienes sí lo hacen y a quienes han dejado de hacerlo? ¿Siguen pensando y afirmando que quienes sí lo hacen son los imprescindibles?
Está muy claro que el capital depredador prefiere que no lo hagamos. Su negocio prospera si sustituimos nuestra dedicación a la transformación educativa y social por la afición a las series, programas y actividades que alimentan los diferentes mercados. El capital depredador no solo tiene interés en que hagamos únicamente lo que alimenta su negocio, sino que también sea eso lo que valoremos, que consideremos que es bueno cambiar a lo largo de la vida y asumir sus diferentes propuestas de ocio. Pretende, incluso, que nos sometamos tanto que a quienes sí luchan toda la vida (esos de quienes antes decíamos que eran los imprescindibles) los veamos ahora como personas que «siempre están en lo mismo», que no saben vivir.
Sin embargo, hay muchas personas suficientemente inteligentes como para no someterse. Saben que luchar toda la vida por una mejor educación y sociedad mejora a todo el mundo, también a ellas mismas. Así logran mejores amistades, mejor salud y más bienestar.
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Asesora de necesidades educativas especiales y coordinadora de la red de Comunidades de Aprendizaje de Euskadi
