Recuerdo con cariño e inocencia que, durante mi formación pedagógica, admiraba a algunos de mis profesores, cuyos libros se exhibían en las librerías y cuyos artículos científicos aparecían en revistas académicas. Ingenuamente creía que publicaban por vanidad. Dominado por mi timidez y el miedo a la crítica, postergué escribir y publicar hasta que finalmente me atreví a hacerlo y, hoy, comprendo que publicar no es un acto de vanidad, sino un compromiso académico y cultural.
En el siglo pasado, publicar era una tarea difícil por las limitaciones económicas y los escasos medios de difusión. Sin embargo, en este siglo XXI, con la expansión de internet, difundir ideas es más fácil y accesible para todos. Aun así, muchos docentes siguen temiendo escribir o no encuentran tiempo para hacerlo. No obstante, gracias a la tecnología digital, los profesores pueden ser autores de su propio pensamiento.
No basta con reproducir lo que otros escriben, ya que ese proceder puede encasillar al docente como un consumidor de conocimientos. El verdadero compromiso del educador moderno es generar conocimiento nuevo a partir de su propia experiencia, transformando la práctica cotidiana en fuente de reflexión, innovación y aporte académico. Así podrá, con autoridad y coherencia, exigir a sus estudiantes que también produzcan conocimiento.
En consonancia con el famoso pedagogo Paulo Freire, el docente necesita ser productor de conocimientos y no solo un repetidor:
«…enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción.» (P. Freire, Pedagogía de la Autonomía)
Al escribir y publicar, fortalece su dominio disciplinar y se convierte en un referente intelectual que inspira a la sociedad. Y esos resultados de su investigación se pueden traducir en artículos académicos o científicos que lo obligarán a pensar con profundidad en su camino hacia una educación de calidad.
Como afirma Juan Cadillo, exministro de Educación del Perú, «el docente es un investigador social y su comunidad debe ser su mayor aliado». Investigar permite comprender las necesidades reales de los estudiantes e innovar estrategias pedagógicas que promuevan aprendizajes relevantes. Además, cuando el profesor publica sus resultados, enriquece su práctica profesional y contribuye a una cooperación educativa global.
Publicar empodera al docente e inspira a los estudiantes a ser creadores e innovadores en un mundo de consumo excesivo. La educación de calidad exige que los profesores investiguen, escriban y compartan sus hallazgos como parte de su contribución al desarrollo educativo y social.
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Licenciado en educación por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú) y máster en Ciencias pedagógicas por la Universidad de La Habana. Profesor de postgrado en varias universidades desde el 2015. Miembro del Comité científico en varias revistas científicas indexadas y coautor de artículos en Scopus, Scielo y Latindex.
