En los años 60, se desarrolló mucho a nivel mundial la idea de que las escuelas tenían que incluir una educación que capacitara para hacer una lectura crítica de los medios de comunicación. Aquí, ya en los últimos años del franquismo, esa propuesta fue recogida por diferentes sectores, entre ellos los movimientos de renovación pedagógica. Una parte creciente de la adolescencia se hacía así consciente de que los medios constituían lo que se denominaba un cuarto poder y tendían a conseguir audiencias que se sometieran a lo que la prensa o la televisión fomentaba como ideas y como gustos. Frente a esa consideración de la persona como consumidora pasiva de informaciones, entretenimiento y publicidad, se avanzó para que la ciudadanía participara activamente en la creación interactiva de sus propias ideas y gustos. Incluso en ambientes educativos se extendió el nombre de “caja tonta” para la televisión.

Desde entonces, los medios tradicionales han perdido su monopolio comunicativo, al tener ahora la ciudadanía mucha más pluralidad de fuentes de información, incluyendo, por supuesto, internet. Sin embargo, la escuela y los movimientos educativos ya no desarrollan tanto como antes la práctica de esta lectura crítica. El resultado no es muy positivo. Por un lado, ha aumentado mucho la desconfianza en los medios, en su función de buscar y publicar informaciones verdaderas. Pero, por otro lado, esa dinámica ha llevado a parte de las audiencias a considerar que, como nadie dice la verdad, “yo prefiero quedarme con lo que dicen los míos”. Se ha llegado incluso a llamar «lectura crítica de los medios» al acto de criticar a quienes son de una ideología diferente a la de la audiencia y defender a ciegas a quienes son de la propia.

La infancia y la adolescencia tienen derecho a una información veraz; reducirla a lo que dicen “los míos” es dogmatismo, muy negativo educativamente. Se requiere volver a dar importancia a la lectura crítica de los medios: de los contrarios a mi forma de pensar pero también, y exactamente igual, de los que coinciden con mi ideología. Ese es un objetivo imprescindible de la lectura crítica: no hacerse hooligans de un determinado medio, sino saber seleccionar y contrastar las fuentes más fiables para cada tema. Sabemos que la crisis de confianza y financiera de la prensa lleva a su búsqueda de audiencia a toda costa, con el consiguiente sacrificio de la verdad y los valores. Es importante que eso lo sepan la infancia y la adolescencia, y que se motiven para buscar por sí mismas la verdad de cada acontecimiento, sin dejar que se la impongan ni «los suyos» ni «los otros». Eso es la libertad.

Imagen: Freepik
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Doctora por la Universidad de Wisconsin-Madison