Aseguremos que la luz llegue a toda la infancia

El verano es un momento en el que las escuelas cierran y algunos chicos y chicas lo esperan con los brazos abiertos porque les esperan momentos bonitos en familia, viajes o el reencuentro con amistades del pueblo. Pero no toda la infancia ni toda la adolescencia espera el verano de esta forma, porque para algunos el verano significa separarse de las amistades y el profesorado que les protegen y cuidan, de las actividades cognitivas y lúdicas que necesitan para un desarrollo óptimo o, peor aún, significa estar con personas (familiares) que las maltratan o que ejercen abuso durante mucho más tiempo. 

Cuando vivimos el confinamiento por el COVID19, algunas investigaciones recogieron acciones basadas en la evidencia para seguir manteniendo “las puertas abiertas” con el fin de proteger a la infancia desde las escuelas. Estas acciones se sustentan en el fomento de relaciones de apoyo y en un entorno seguro que se identifica clave para prevenir el maltrato infantil. En la época de vacaciones escolares, las comunidades educativas podemos tomar de referencia estas acciones para asegurar que la infancia en situación de riesgo no se quede aislada y tenga esos vínculos que les protejan. 

Electra de Sófocles vive una situación con la que parte de nuestro alumnado podría identificarse. Le toca vivir bajo el mismo techo que las personas que la maltratan y, en concreto, con el asesino de su padre. Aunque sabe que está sola y que no puede desobedecer las órdenes, nunca somete su corazón y encuentra una única esperanza que la sostiene: que su hermano regrese. Cuando su hermano regresó, exclamó: «¡Oh luz bienaventurada!»

La soledad es un gran aliado de quienes oprimen y quieren abusar; por ello debemos poner los mecanismos necesarios para que nadie sienta la soledad que sintió Electra durante años. Desde los centros educativos podemos ponernos en marcha, establecer un plan de red de apoyo en estos meses en los que no hay clases. Debemos saber que asegurar relaciones de apoyo, en las que haya personas que se preocupen por los y las menores, que les muestren amabilidad, puede ser el mejor de los “remedios” para compensar los efectos negativos en la salud derivados del estrés tóxico que se vive ante experiencias adversas. 

Hace dos días le preguntaba a un alumno si tenía ganas de que llegaran las vacaciones y su respuesta fue: «no mucho, porque no veré a mis amigos». El sol resplandece en el verano, pero los rayos no siempre llegan a todas las personas. Si abrimos esas “puertas entre los árboles”, dejando que la luz pase, si seguimos fomentando en estos meses acciones preventivas y que promuevan la resiliencia, podremos conseguir que la esperanza llegue a cada niño y a cada niña. Hagamos que estos 80 días no sean días de soledad sino días en los que se acuesten pensando que al día siguiente verán, aunque sea un ratito, una luz.  

[Imagen: Freepik]

Por Sara Carbonell

Maestra de educación especial y primaria. Directora del CEIP L’Escolaica. Profesora asociada de la Universitat Rovira i Virgili. Sus líneas de investigación incluyen las Actuaciones Educativas de Éxito, la socialización preventiva de la violencia de género en las escuelas y la prevención de la violencia desde las primeras edades.