El camino hacia la igualdad y la justicia para jóvenes y adolescentes aún presenta muchos desafíos, y estos son mayores cuando esas personas jóvenes forman parte del colectivo LGTBIQ+, tienen una orientación sexual o una identidad o expresión de género que se aleja de la habitual. La literatura científica presenta que las personas jóvenes que forman parte del colectivo LGBTIQ+ sufren discriminación y violencia y que estas situaciones impactan directamente y a largo plazo en su salud y bienestar.

El proyecto UP4DIVERSITY. Empowering Young People and Youth Workers to Become Active Upstanders in the Prevention of Violence Towards LGBTIQ+ People in the Digital Era, financiado por el programa REC de la Comisión Europea y liderado por el doctor Oriol Ríos de la Universitat Rovira i Virgili, entre una de sus múltiples aportaciones, realizó una revisión sistemática de la literatura científica para analizar los principales hallazgos sobre qué estrategias y acciones están contribuyendo a la prevención de las situaciones de violencia contra personas jóvenes que forman parte del colectivo LGTBIQ+.

El artículo Prevention of violence against LGBTIQ+ youth: A systematic review of successful strategies muestra, en primer lugar, cómo las personas que se identifican como LGBTIQ+ experimentan altos niveles de violencia, marginación y acoso, lo cual impacta en su salud y en su bienestar con problemas como pueden ser malestar emocional, sintomatología depresiva, riesgo de autolesión, ideaciones suicidas o síntomas de ansiedad, entre otras casuísticas que impactan negativamente en sus vidas. Sin embargo, frente a esta situación, el estudio identifica intervenciones que están obteniendo resultados positivos para abordar la violencia y el acoso contra las personas jóvenes que forman parte del colectivo LGTBIQ+.

El artículo presenta, además, nueve programas basados en el fomento de los upstanders. Este término hace referencia a aquellas personas que se posicionan y defienden a las víctimas. En el análisis de los programas se identifican resultados positivos para abordar la violencia y el acoso contra la comunidad LGBTIQ+. Los principales elementos que se recogen son:

  • En primer lugar, cómo los programas que integran modelos de comportamiento upstander están demostrando que pueden contribuir a mejorar el clima y el ambiente escolar, a la vez que animan a los participantes a tener este comportamiento más activo para intervenir en estas circunstancias. 
  • En segundo lugar, se destaca una barrera que surge en los programas que se han analizado, y es el hecho de que a los chicos y chicas les cuesta denunciar las situaciones de acoso por posibles represalias. Por tanto, se destaca la importancia de transmitir empatía, amistad y solidaridad. 
  • En tercer lugar, los programas destacan la importancia de implicar a la comunidad en el centro educativo, para así entre todos y todas hacer frente a las posibles situaciones conflictivas que surjan.

Finalmente, cabe destacar que aún es necesario seguir investigando y trabajando en esta línea. Todavía hay ámbitos que la ciencia tiene pendiente abordar, como es el caso de la comunidad LGBTIQ+, las minorías raciales o las investigaciones dirigidas a la formación de upstanders para abordar la transfobia.

[Imagen: International Journal of Educational Research]

Por Regina Gairal

Profesora del Departamento de Pedagogía de la Universitat Rovira i Virgili