En el informe “From Best practices to Breakthrough Impacts” del “Center on The Developing Child, Harvard” se detallan cuáles son los condicionantes a tener en cuenta para propiciar un desarrollo saludable en las primeras edades, cuáles son las consecuencias en caso contrario y qué tipo de habilidades permiten hacer frente a las adversidades.

Las principales cuestiones que se exponen son: 

  • Durante el primer año de vida se sustentan las bases para desarrollar habilidades imprescindibles como centrar la atención, retener información en la memoria y aprender a controlar los impulsos. En este sentido, los factores genéticos influyen significativamente en el desarrollo; no obstante, se pueden ver alterados en función de los factores ambientales y de sus circunstancias.
  • Si bien las principales capacidades físicas y cognitivas como ver, oír, percibir, atender, etc. cobran gran relevancia en los tres primeros años de vida, no quedan todas determinadas en esta etapa, ya que la plasticidad cerebral permite seguir llenando de aprendizaje y progreso a las personas a lo largo de los años.
  • Además, el desarrollo infantil temprano requiere verse libre de tensiones amenazantes en el entorno familiar y otros entornos de cuidado. De no ser así, se incrementa el riesgo de lesiones psíquicas y fisiológicas que pueden permanecer durante toda la vida.
  • Por tanto, es trascendental establecer relaciones receptivas con las madres y los padres así como con personas cuidadoras cercanas. Ahora bien, las interrupciones frecuentes, la alta rotación de personas y las interacciones de baja calidad pueden mermar la seguridad del niño o niña para focalizar sus expectativas en base a sus necesidades y a la manera de satisfacerlas. 
  • Por otra parte, el abandono severo, a causa de la interrupción de las interacciones “serve and return”, puede desembocar en dificultades importantes en el lenguaje, la atención y las habilidades sociales. 
  • Es importante que sepamos que los niños y niñas que han estado expuestos a contextos violentos o adversos no se convierten en adultos violentos o en personas con estrés psíquico de manera causal. En relación con este aspecto, cuando un niño o niña se encuentra en una situación de peligro, el simple hecho de retirar a la persona de esa situación no repara los daños causados. Es esencial un trabajo riguroso por parte de los y las profesionales para restablecer su seguridad y su bienestar socioafectivo.

El último punto hace referencia a una de las aportaciones más revolucionarias que ha hecho la ciencia recientemente: las relaciones de apoyo suponen un factor inteligente para desarrollar la resiliencia y así poder afrontar y superar los grandes problemas que nos puede exponer la vida en sociedad.

En conclusión, conocer y entender estos hallazgos científicos nos posibilita mejorar nuestra agencia humana en beneficio de todas y todos. 

[Imagen: Freepik]

Por Isabel Bixquert

Maestra de primaria. Participante de la tertulia pedagógica dialógica "A Muscles de Gegants"