Para superar la violencia que destroza personas desde las primeras edades, hay que eliminar la coerción que sufrimos desde la infancia para socializarnos en subordinar nuestra vida a la búsqueda de poder. Las demás personas se convierten en instrumentos y prueba de nuestro poder. Las relaciones afectivosexuales ya no tienen así el objetivo del amor ni del sexo, sino del número y el estatus de quienes hemos conquistado. En los últimos años ha aparecido el término “bodycount” como una práctica social en la que se cuenta el número de personas con las que se han mantenido relaciones afectivosexuales, bajo la falsa creencia de que, cuanta más experiencia tenga la persona, mejor será la relación que mantendrán.

Así no es extraño que el lenguaje sobre esas relaciones se llene de fealdad, ridiculizando y diciendo cosas muy sucias sobre esas parejas ocasionales, las partes de su cuerpo o sus prácticas sexuales. Así no es extraño que también se acaben llenando de lenguaje soez los comentarios sobre nuestras propias parejas ocasionales, cuerpos y prácticas sexuales.

Ese discurso es tan totalitario en la pornografía, las redes sociales, las series y las escuelas que hay adolescentes que llegan a creer que todo es igual, que no hay otra opción. Las personas y relaciones de su entorno que no se someten a esa fealdad son rápidamente atacadas intentando mancharlas. 

Hemos publicado testimonios de adolescentes que consideran que ya se han ensuciado, ensuciando la imagen pública de amigos o amigas que no lo han hecho, atribuyendo ligues despreciativos que no han tenido para que su limpieza no contraste con su ya triste autoimagen e imagen pública. En un artículo publicado en la revista top de medicina Journal of Urban Health, se muestra un testimonio que ejemplifica esta acción: 

Amaia: Te hacen fotos o se lo cuentan a todo el mundo.

Silvia: O lo publican.

Rosa: A lo mejor ni siquiera te estás enrollando con él, pero [las fotos] te pillan en una posición que…

Silvia: Sí, que parece que le estás besando…

María: O que estás muy cerca de él y parece algo que no es…

Eva: Bueno, esa foto estará ahí toda tu vida, te estará carcomiendo hasta que te mueras. La foto te seguirá hasta la tumba.

María: Se ha compartido, se ha guardado, se han hecho capturas de pantalla…

Eva: Hay gente que acaba suicidándose porque le duele mucho.

Ese totalitarismo destructor de adolescentes se rompe con testimonios valientes de personas que han hecho otra opción contra viento y marea, una opción por el amor y no por el poder, por la amistad y no por la traición, por la belleza y no por la violencia. Es evidente a lo largo de la vida que las personas que hacen esa opción por el amor mantienen mucho mejor su salud y atractivo que quienes optan por el poder. Es evidente que esa opción supera la violencia y que el poder la fomenta. Digámoslo alto y claro, impidamos que se ensucie a valientes que hagan públicos esos testimonios.

Garazi Álvarez
Lidia Bordanova
Ane López de Aguileta
Garazi López de Aguileta
Ane Olabarría
Ramón Flecha

[Imagen: Freepik]

Por Garazi Álvarez

Profesora e investigadora en Educación en la Universidad del País Vasco