Continuamente se invierten muchos recursos en charlas y formaciones para el profesorado consistentes en presentar múltiples y diversas metodologías para poner en marcha en las aulas. A la vez, se producen discusiones y desencuentros entre los y las profesionales de la educación al defender o atacar aquellas que más agradan o disgustan, sin tener en cuenta si sabemos que contribuyen, o no, a mejorar los aprendizajes de los niños y de las niñas y sin tener en cuenta qué enfoque se les da.

Así, en mi trayectoria como maestra, aunque he participado en algunos de esos espacios formativos y conversaciones, desde que descubrí que también en la educación existe el aval científico, mi esfuerzo se centra en implementar, con cada vez mayor rigor, las evidencias científicas de impacto social que influyen más directamente en nuestro alumnado, como las altas expectativas para todos, espacios seguros de violencia cero o el trabajo en la zona de desarrollo próximo.

La investigación remarca que no debemos dedicar esfuerzos a discutir sobre qué metodología es mejor que otra, porque la clave del éxito no está en una metodología o en otra sino en el enfoque que se le dé. 

El enfoque dialógico a día de hoy, es el que se ha demostrado que promueve el tipo de interacciones de calidad entre el alumnado, el profesorado y el voluntariado que logra la mejora académica y en convivencia para todos y todas.  Algunos beneficios del enfoque dialógico son:

  • El desarrollo de habilidades lingüísticas y comunicativas (van der Veen et al., 2017; Teo, 2019)
  • El fomento del pensamiento crítico y el razonamiento (Mercer et al., 1999; Teo, 2019)
  • El aprendizaje de las ciencias y las matemáticas (Soong y Mercer, 2011; Díez-Palomar y Olivé, 2015; Alexander, 2018)
  • El impulso de la inclusión social y de valores democráticos como la solidaridad y la amistad (Valero et al., 2017; Villardón-Gallego et al., 2018; Ríos-González et al., 2019)
  • El empoderamiento de los estudiantes para que se conviertan en agentes de cambio social (García-Carrión y Díez-Palomar, 2015), entre otros.

Otro aspecto que se ha demostrado científicamente es que los enfoques instructivos no guiados o mínimamente guiados aunque son muy populares e intuitivamente atractivos, ignoran las estructuras que constituyen la arquitectura cognitiva humana y una evidencia demostrada en los últimos cincuenta años: la instrucción mínimamente guiada es menos efectiva y menos eficiente que los enfoques estructurados que ponen un fuerte énfasis en la guía del proceso de aprendizaje del alumno. 

No se trata, pues, de qué metodología es la mejor o la peor para el proceso de enseñanza-aprendizaje sino, más bien, se trata de qué enfoque permite lograr los mejores resultados del alumnado en todos los aprendizajes, tanto instrumentales como de convivencia, para todos los chicos y las chicas, independientemente del nivel socioeconómico, cultura, religión o lugar del mundo en el que viven. Según esto, y mientras no haya otro enfoque científico que lo supere, cada vez más personas lo tenemos claro: lo importante no es la metodología sino aplicar el aprendizaje dialógico usando diversos métodos que ayuden a potenciarlo.

[Imagen: Freepik]

Por Elísabet Gómez

Maestra de educación infantil y primaria