En edades tempranas, se pueden predecir y reducir dificultades específicas que pueden aparecer en el aprendizaje de la lectura. Por ejemplo, cuando el niño o niña encuentra obstáculos a nivel cognitivo y de manera recurrente para aprender letras, sonidos y fluidez en el lenguaje, comparado con los demás iguales. Por tanto, los y las profesionales no debemos normalizar estas cuestiones y dejar pasar el tiempo para actuar tras la supuesta “maduración”, sino que debemos ser consecuentes desde los inicios.

El proceso conocido como RTI (siglas en inglés de “Respuesta a la intervención”) es una metodología utilizada para identificar y atender las posibles dificultades de aprendizaje que puedan tener niños y niñas en las primeras edades de escolarización. La idea es que, a través de un seguimiento sistemático y progresivo, se puedan detectar las necesidades educativas del alumnado y proporcionarle los apoyos necesarios para que pueda alcanzar los objetivos de aprendizaje establecidos. Dentro del modelo RTI, se trabajan de manera explícita las habilidades lingüísticas relacionadas con la conciencia fonológica, la fonética, las estrategias de codificación y las rimas, así como el refuerzo de la semántica. Estas habilidades son esenciales para mejorar la fluidez, el vocabulario y la comprensión.

Además, el uso de estrategias dialógicas a partir de la lectura de libros es una herramienta efectiva para favorecer el desarrollo del lenguaje y la comprensión auditiva. Al fomentar la discusión y la reflexión en torno a los textos leídos, se estimula el pensamiento crítico y se mejora la capacidad de comprensión de los estudiantes.

Por último, la organización del aula en pequeños grupos heterogéneos es una estrategia que favorece la adquisición de las habilidades lingüísticas, ya que permite que todos los estudiantes tengan acceso a los mismos materiales y se trabaje de manera efectiva mediante el andamiaje para promover una alfabetización de calidad. De esta manera, se promueve el aprendizaje colaborativo y se fomenta el desarrollo de habilidades sociales y emocionales en el alumnado.

Hay que tener muy presente que, para desempeñar estas actividades, la capacidad de  autorregulación es indispensable para sustentar el proceso de aprendizaje y captar la información; seguir instrucciones, concentrarse en la tarea, comprender a los y las demás… Por consiguiente, el diseño de las clases requiere altos niveles de organización, instrucciones muy claras, secuencia detallada de actividades, estructuras definidas para trabajar entre iguales y dotación de estrategias para aprender de manera interactiva. También son cruciales las expectativas del profesorado respecto a lo que se espera del alumnado, ya que influyen notablemente en su aprendizaje. Si, por el contrario, no aseguramos el desarrollo de la capacidad de autorregulación y no generamos la autoconfianza para que los niños y niñas se superen cada día, se propicia y perpetúa la involución a nivel cognitivo y las dificultades psicosociales y emocionales.  

Dada la gran trascendencia que tiene implementar estas investigaciones, es fundamental integrar estas prácticas en la etapa de educación infantil, ya que se puede garantizar una rigurosa prevención e intervención sobre las dificultades asociadas a la dislexia. Por ende, es necesaria una formación en esta línea, tanto del profesorado como de los y las especialistas del ámbito psicopedagógico, para así poder poner el foco en las estrategias primordiales, en la intensidad óptima y en el momento oportuno, sin esperar a que suceda lo “inesperado”.

[Imagen: Unsplash]

Por Isabel Bixquert

Maestra de primaria. Participante de la tertulia pedagógica dialógica "A Muscles de Gegants"