«El trabajo es malo para la salud». Es una frase que escucho cada vez con más frecuencia. Últimamente oigo hablar mucho de estrés, agotamiento, jornadas laborales interminables y la necesidad de trabajar menos para vivir mejor. Y, por supuesto, hay trabajos que enferman a la gente. Sería absurdo negarlo. Pero quizás la pregunta esté mal planteada.

La ciencia no afirma que trabajar sea perjudicial. Lo que demuestra es algo mucho más interesante: lo que perjudica la salud es el trabajo sin sentido, sin autonomía y sin relaciones humanas de calidad. Cuando estos elementos cambian, también lo hace el efecto del trabajo en nuestro organismo.

Una revisión reciente que reúne décadas de investigación concluye que las personas que perciben su trabajo como significativo muestran mayor bienestar psicológico, mejor salud física y una respuesta biológica más favorable al estrés. El trabajo deja de ser simplemente una fuente de ingresos y se convierte en una fuente de propósito. Esto no es casualidad. Pasamos casi un tercio de nuestra vida trabajando. Si esas horas están llenas de conflictos, aislamiento o una sensación de inutilidad, nuestro cerebro interpreta que vivimos bajo una amenaza constante. Pero cuando trabajamos con personas en las que confiamos, participamos en un proyecto valioso y sentimos que nuestro esfuerzo mejora la vida de los demás, sucede lo contrario: el estrés crónico disminuye, la motivación aumenta y nuestro bienestar mejora.

Curiosamente, el factor más importante no suele ser el salario ni el prestigio. Lo que más importa es poder responder afirmativamente a tres preguntas muy sencillas: ¿Tiene sentido lo que hago? ¿Disfruto haciéndolo con este equipo? ¿Estoy contribuyendo a mejorar la vida de alguien?

Cuando la respuesta es sí, el trabajo deja de ser una carga y se convierte en una de las actividades más saludables de nuestra vida. Esto no significa que debamos justificar las malas condiciones laborales ni las jornadas excesivas. Un trabajo tóxico sigue siendo tóxico, independientemente de su propósito. Pero tampoco debemos caer en el extremo opuesto y asumir que trabajar es, por definición, una amenaza para la salud.

Quizás el objetivo no sea simplemente trabajar menos. Quizás el verdadero reto sea lograr que más personas trabajen mejor: en proyectos significativos, junto a equipos que fomenten la confianza y con la certeza de que su esfuerzo contribuye a mejorar la vida de los demás.

Porque cuando eso sucede, el trabajo deja de quitarnos salud y comienza a devolvérnosla.

 

Imagen: Magnific
Este artículo fue publicado por primera vez en Daily27 el 1 de julio de 2026
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Maestra de educación infantil. Dra. en Sociología por la Universitat de Barcelona