El próximo estreno de una gran superproducción cinematográfica sobre el Ramayana es una oportunidad extraordinaria para que la infancia y la adolescencia de todo el mundo conozcan y disfruten una de las grandes creaciones literarias de la humanidad.
El premio Nobel de Economía Amartya Sen recuerda, en The Argumentative Indian (2005), cuánto enriquecieron su infancia el Ramayana y el Mahabharata. Destaca que estas grandes epopeyas no son solamente relatos de héroes y batallas, sino también obras llenas de diálogos, dilemas morales, diversidad de perspectivas, argumentos y contraargumentos.
La primera orientación es aprovechar el interés despertado por la película. El cine puede ser un recurso extraordinario, especialmente cuando se dialoga sobre lo visto antes o después de la proyección. Las personas adultas pueden verla, comentarla y sentirse motivadas a leer la obra y compartir algunos de sus relatos con niñas y niños. También puede ser una excelente experiencia para adolescentes que la vean y comenten entre sí. Si consideramos que algunas escenas violentas pueden asustar a los más pequeños, como ocurre también con determinadas adaptaciones de La Odisea o Troya, existen versiones de animación que permiten acercarse a la historia de otra manera.
La segunda orientación es contar los relatos más hermosos del Ramayana. Muchas personas hemos disfrutado durante nuestra infancia con historias de Las mil y una noches. Podemos ofrecer también a las nuevas generaciones la belleza de los relatos del Ramayana. Uno de los más conmovedores explica cómo nació, según la tradición, su forma poética. No surgió de la celebración de una guerra o una conquista, sino de la compasión ante el sufrimiento de otro ser vivo. Valmiki, considerado tradicionalmente el primer poeta y autor de la obra, contemplaba una pareja de aves cuando un cazador mató a una de ellas. Al presenciar el dolor de la superviviente, brotó de sus labios un verso. La tradición sitúa en aquel momento el nacimiento de una forma fundamental de la poesía sánscrita.
La tercera orientación es fomentar la lectura de la obra y el diálogo sobre ella. Disponemos de evidencias científicas sobre los beneficios educativos y sociales de las tertulias literarias dialógicas, en las que personas de diferentes edades y circunstancias comparten sus interpretaciones de grandes obras de la literatura universal. Estas tertulias favorecen la comprensión lectora, el diálogo y la participación de personas que no siempre han tenido acceso a ese patrimonio cultural. Siempre que sea posible, es especialmente valioso leer y comentar el texto de Valmiki. Dependiendo de las edades y circunstancias, también podemos recurrir a adaptaciones cuidadas, incluidas versiones infantiles.
La cuarta orientación es promover el diálogo intercultural. Para una parte importante de la infancia del sur de Asia, Rama y Sita son personajes profundamente familiares, conocidos a través de libros, representaciones teatrales, celebraciones y conversaciones familiares. La infancia de origen europeo tiene mucho que compartir con niñas y niños de esas culturas, pero también muchísimo que aprender de ellas. El Ramayana ofrece una ocasión extraordinaria para que personas de diferentes orígenes dialoguen en igualdad sobre una gran creación literaria, descubran distintas interpretaciones y disfruten juntas de su belleza.
La quinta orientación es profundizar y debatir sobre la figura de Sita. Aunque no da nombre a la epopeya, protagoniza algunos de sus momentos más conmovedores y plantea preguntas profundas sobre la bondad, la justicia, la verdad y la dignidad. Una escena especialmente preciosa ocurre cuando, estando cautiva en Lanka, Hanuman le entrega el anillo de Rama. Sita reconoce así que no ha sido olvidada y que han llegado noticias de quien desea rescatarla.
Pero el final de su historia, narrado en el Uttara Kanda, muestra que Sita no es sumisa. Después de haber sufrido el cautiverio, los rumores ponen en duda su comportamiento y Rama se distancia de ella ante las exigencias de su entorno. Cuando se le pide una nueva demostración pública de su inocencia, Sita no acepta seguir intentando convencer a quienes desconfían de su palabra. Invoca a la Tierra, su madre, para que la acoja si siempre ha dicho la verdad. La Tierra se abre y la recibe la diosa Bhumi, y Rama queda sintiendo que ha cedido ante los rumores.
Hace más de dos milenios, la tradición literaria india nos ofrecía así, en la figura de Sita, un extraordinario motivo para dialogar sobre la dignidad, la injusticia y la capacidad de una mujer para hacerse valer.
¿Por qué privar a la infancia de cualquier parte del mundo de la belleza de estas historias, de sus dilemas y de las conversaciones que pueden inspirar? El Ramayana puede ser una magnífica oportunidad para disfrutar de la literatura universal, aprender de otras culturas y dialogar desde la infancia sobre la bondad, la justicia y la verdad.
Autor de “Compartiendo palabras”

