El Día Internacional contra la Homofobia en el Fútbol existe para hacer frente a una realidad persistente: a pesar de la popularidad mundial del fútbol y de su capacidad para unir a la gente, las personas LGBTIQ siguen sufriendo discriminación dentro de este deporte. Sirve como recordatorio de que los estadios, los vestuarios y los campos deben ser espacios seguros para todas las personas: jugadores y jugadoras, árbitros y árbitras, entrenadores y entrenadoras, aficionados y aficionadas. Al señalar prácticas excluyentes y celebrar la diversidad, este día llama a la comunidad futbolística a defender los valores de solidaridad, justicia y respeto que el deporte afirma representar.
La experiencia reciente del árbitro alemán Pascal Kaiser pone de relieve los peligros que pueden acompañar a la visibilidad. Kaiser, que hizo pública su bisexualidad y pidió matrimonio a su pareja durante un partido, fue objeto de violentos ataques en su domicilio. Fue agredido en dos ocasiones tras recibir amenazas vinculadas a su orientación sexual. Los ataques causaron conmoción en la comunidad futbolística y evidenciaron hasta qué punto los prejuicios arraigados pueden ir más allá del abuso verbal y convertirse en violencia física. El caso de Kaiser no es un hecho aislado: refleja la necesidad urgente de reforzar las medidas de protección y las respuestas colectivas dentro y fuera del deporte. Desde el inicio de la temporada 2019-2020, la organización Kick It Out ha recibido 845 denuncias por homofobia en el fútbol, lo que la convierte en la segunda forma de discriminación más denunciada, solo por detrás del racismo.
Una herramienta poderosa para combatir la discriminación es la intervención de las personas espectadoras. Este enfoque anima a quienes presencian conductas abusivas (como cánticos homófobos o situaciones de acoso) a posicionarse, interrumpir la conducta, denunciarla o apoyar a la víctima. Es algo que debe trabajarse desde el fútbol base y desde la sociedad en general, comenzando en las primeras etapas de la vida. La investigación muestra que, cuando las personas que observan cuestionan activamente comportamientos discriminatorios, disminuye la probabilidad de que la situación vaya a más y se contribuye a cambiar las normas del grupo. En el ámbito futbolístico, empoderar a aficionados y aficionadas, compañeros y compañeras de equipo y personal arbitral para actuar puede transformar a espectadores pasivos en agentes activos a favor de la inclusión, reforzando el mensaje de que el silencio permite el daño.
En un estudio de gran escala realizado hace más de diez años se identificó un cambio cultural y social en el mundo del fútbol, que apuntaba hacia una mayor inclusión, especialmente en lo relativo a la sexualidad. ¿Representan los recientes ataques contra Pascal Kaiser una reacción contra ese progreso? A primera vista, podría parecerlo. Sin embargo, el panorama ha cambiado de forma significativa desde que Justin Fashanu se convirtió en 1990 en el primer futbolista profesional en hacer pública su homosexualidad. Debemos seguir trabajando para que el fútbol continúe avanzando por este camino inclusivo, de modo que algún día podamos alcanzar un deporte libre de violencia, en el que cada jugador y jugadora pueda vivir su sexualidad con plena libertad.
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Este artículo fue publicado por primera vez en Daily 27 el 19 de febrero de 2026
Investigador predoctoral FI en el Departamento de Sociología de la Universidad de Barcelona
