Carol Greider compartió el premio Nobel de Medicina con Elizabeth Blackburn y Jack Szostak por el descubrimiento de la telomerasa, enzima encargada del mantenimiento de los telómeros. Estos son regiones de ADN que se encuentran en los extremos de los cromosomas. A medida que una célula normal se divide, los telómeros desaparecen, lo que provoca una disminución progresiva de la funcionalidad y, en última instancia, la muerte. Este proceso explica por qué las células normales son mortales. Sin embargo, en las células tumorales los telómeros mantienen su tamaño gracias a la producción extra de telomerasa. Este conocimiento, tras arduas investigaciones, se aplicó al resto de células, aunque muy pocos científicos manejaban estos saberes.

Cuando se le pregunta por la complejidad de sus descubrimientos y cuál es la clave que les ayudó en sus avances, Carol no duda en afirmar:

«Una de las lecciones que he aprendido en las diferentes etapas de mi carrera es que la ciencia no se hace sola. Se avanza mediante la conversación y el compartir experiencias (…) Las nuevas ideas se convierten rápidamente en parte de la conciencia colectiva. Así es como la ciencia avanza y se generan nuevos conocimientos.»

Además, también tiene muy presente la necesidad de equilibrar tiempo de trabajo, productividad y otras facetas de la vida:

«Mi laboratorio sabe que soy mamá en primer lugar y me permite compaginar carrera y familia. Puedo ir a casa cuando sea necesario, o asistir a una representación escolar, y luego volver y terminar mi jornada laboral o trabajar desde mi casa en el ordenador. Lo más importante es encontrar el tiempo para hacer las cosas, ya que no es el tiempo en el trabajo sino la productividad global lo que cuenta.»

Conocer referentes tan brillantes y escuchar estas declaraciones me hace pensar en las tertulias pedagógicas dialógicas, espacios en los que, a partir de la lectura de un mismo texto acordado, un grupo de personas comparte conocimientos y experiencias convirtiéndolas en conciencia colectiva (puedes consultar las evidencias sobre formación dialógica del profesorado aquí y aquí). Por eso, siempre que empieza el nuevo curso y empieza la formación en el seminario A Muscles de Gegants (A Hombros de Gigantes), se activan una serie de interacciones, diálogos y conocimientos que llevaremos a nuestras escuelas con la intención de conseguir las mejores oportunidades de éxito educativo para todo el alumnado, porque la educación tampoco se hace sola. Y también porque las interacciones de calidad mejoran nuestro trabajo y nuestra vida personal.

De la misma manera, los claustros dialogantes que comparten conocimientos desde la igualdad, argumentando sus opiniones, transformando sus ideas y aprendiendo unas de otras, respetando la diversidad y poniendo en práctica la solidaridad, consiguen dar el verdadero sentido a la educación, que no es otro que velar por el derecho de la infancia a la educación y tratar de contribuir a sociedades más justas e igualitarias.

Imagen: Getty Images
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Maestra de infantil y primaria