A mi derecha, tenía esta noche una clarinetista que se emocionó más que nunca en un concierto al ver y escuchar dos clarinetes históricos (corno di bassetto) para los que componía Mozart. A mi izquierda, la reina del vino de Franconia y su hermana que nos trataban con una amabilidad que conjuntaba con su elegancia (las tres en la foto).

El concierto de la cena de gala de Mozart ha sido en la sala Kaiser de la Residenz de Würzburg, una preciosa ciudad hermanada con Salamanca, donde se dice que no hay que buscar los sitios bonitos porque cualquier rincón lo es. Pero no cuidan solo los edificios y jardines, aprecian y cultivan la música con numerosos y muy diversos conciertos y hasta con sus campanadas. Y todo adornado con una frecuencia fuera de lo habitual de grupos disfrutando de su amistad y de parejas de todas las edades paseando su enamoramiento.

El aria de “Las bodas de Fígaro” cantada por Susana decoraba el lugar con sentimientos de una belleza más profunda incluso que la de los cuadros de las paredes.

Ven, bien mío, entre estas plantas ocultas. Te quiero coronar la frente de rosas.

Música y letra se elevan por encima del momento concreto del argumento en un canto a la libertad, a la revolución del amor contra el derecho de pernada que quería seguir ejerciendo el Conde Almaviva.

No fue Mozart quien hizo en la música la transformación que la puso al servicio del sentimiento, eso se lo debemos al gran revolucionario Beethoven, quien se entusiasmó primero con la democracia supuestamente defendida por Bonaparte y luego se decepcionó tan profundamente con su autoritarismo que borró su nombre de la que finalmente denominó “Eroica”. Precisamente es con esa sinfonía tercera con la que Beethoven recogió la gran aportación de Mozart estableciendo las bases de la forma sonata y al mismo tiempo la transformó enriqueciéndola con una gran creatividad en su desarrollo.

Creo que es fácil imaginar cómo esta noche se iba llenando de brillo con cada acorde de la música, con cada mirada, con cada idea, con cada sentimiento. Así se llenaba de belleza cada uno de los momentos que todo ser humano debe tener la opción de, si quiere, disfrutar. Un número creciente de profesionales de la educación está logrando ese derecho a la belleza en su alumnado e incluso en sus familias, que no hacen caso de las “teorías” que niegan esa posibilidad, de quienes proponen y practican la fealdad. Son profesionales que disfrutan y hacen disfrutar de la belleza que la humanidad ha creado, de la revolución más profunda de la historia.

Por Ramón Flecha

DAAD Gastprofessor Universität Wurzburg. Catedrático Emérito de la Universidad de Barcelona. Investigador número 1 del ranking científico internacional Google Scholar en las categorías de "gender violence" y "social impact" (violencia de género e impacto social, respectivamente).