La importancia de transmitir la cultura y las tradiciones en la familia y la escuela 

Las comunidades en las que vivimos, las familias, las instituciones… Todas ellas tienen y mantienen unas tradiciones. En ocasiones de forma más consciente y en otras sin apenas darnos cuenta de su existencia, pero todas ellas influyen de una manera u otra en el desarrollo de la personalidad.  

Creo que es importante definir qué entendemos por tradición. Nos acogeremos a cómo la describe la Guía del Centro de estudios sobre la infancia de Yale en su capítulo 26, cuando dice que una comunidad se define por sus tradiciones: los valores, creencias, palabras y símbolos, los alimentos y canciones que comparten y las actividades habituales de sus miembros. Puede ser que no nos hayamos parado a pensar en cuáles son las tradiciones familiares, o las tradiciones en nuestros centros educativos, pero vale la pena hacerlo por la importancia que tiene en el desarrollo de la infancia, ya que todas las tradiciones pueden servir para conferir sentido y apoyo emocional a la vida infantil. Según la citada guía, la infancia que carece de tradiciones familiares aprende otras tradiciones que encuentra en la calle o en “la escuela de la vida”. Por tanto, dejarlo al azar no sería la opción si queremos garantizar la transmisión de los valores que la mayoría de personas defendemos, como son la justicia, el respeto, la amabilidad, el esfuerzo o la generosidad. 

La transmisión de la cultura familiar o la cultura de un centro educativo les va a ayudar a construir valores personales que orienten su conducta y conformen su carácter. Por ejemplo, las comunidades podemos transmitir ideas muy preciadas como el valor del esfuerzo, de la responsabilidad o de luchar contra las injusticias de forma pacífica. La mejor forma de transmitirlo es con el ejemplo, porque de poco servirá si solo lo decimos. Podemos decir frases que ayuden a crear el sentimiento de pertenencia a esa cultura como “en esta familia valoramos la ayuda” o “en esta familia nos esforzamos por lograr los sueños”. También desde el ámbito educativo podemos decir “en esta escuela los amigos y las amigas se tratan bien siempre”, dejando claro que ser así forma parte de la cultura escolar. 

Mi abuelo era una persona muy trabajadora que me enseñó el valor del esfuerzo y del trabajo; todos los sábados le acompañaba al trabajo y compartí y disfruté con él muchos momentos que agradezco de forma infinita. Como ejemplo diré que varias personas de mi familia nos identificamos con este valor familiar que no quedará solo en nosotros y nosotras sino que podemos seguir transmitiéndolo a nuestras familias y lugares de trabajo. Seguro que habremos escuchado en alguna ocasión aquello de “se nota que vienes de ese colegio” o “vienes de una familia de luchadores”. Alguno o alguna puede estar pensando que si las tradiciones familiares no son buenas, mejor no compartirlas. En este caso, se pueden crear nuevas tradiciones que sean las que se transmitan de aquí en adelante. 

Las tradiciones, como hemos comentado al inicio, pueden ser muy diversas; desde los actos festivos, tocar música en familia o las actividades que se realizan en las celebraciones hasta ir a la biblioteca a elegir libros, hacer regalos en navidades a los niños y niñas sin hogar o ayudar en la escuela a quien lo necesita. Pensar en las tradiciones y cuidar las que queremos poner en valor nos puede ayudar a recuperar algunos de los valores que decimos que “se han perdido”, porque es responsabilidad de todos y todas mantenerlos vivos generación tras generación. 

[Imagen: Unsplash]

Por Sara Carbonell

Maestra de educación especial y primaria. Directora del CEIP L’Escolaica. Profesora asociada de la Universitat Rovira i Virgili. Sus líneas de investigación incluyen las Actuaciones Educativas de Éxito, la socialización preventiva de la violencia de género en las escuelas y la prevención de la violencia desde las primeras edades.