El derecho a una educación de calidad para todos es uno de los objetivos de la ONU para 2030, es decir, que garantice el aprendizaje crítico de contenidos lingüísticos, científicos, artísticos, matemáticos, porque eso puede ayudar a cada persona a dirigir su propia vida con libertad y sin violencia. En los últimos años, los ataques a la ciencia por parte de movimientos terraplanistas y que también atacan a la democracia, con las fake news como principal vehículo, se han convertido en uno de los desafíos que pueden obstaculizar este logro. Se trata de movimientos negacionistas que cuestionan la ciencia y sus constructos: el movimiento antivacunas es un  ejemplo de ello. Pero también hay un tipo de terraplanismo que cuestiona la posibilidad de que la educación se base en evidencias científicas, como ya se ha abordado en uno de los artículos de este periódico

En Latinoamérica, en la actualidad, llegan y se desarrollan enfoques teóricos que cuestionan la enseñanza de contenidos relevantes, proponiendo abandonar lo que es universalista. Es un canto de sirena. En lugar de emprender una educación crítica y reflexiva, se limitan a proponer la “sustitución de narrativas”. Este es el caso de algunos discursos autodenominados decoloniales, que bajo este tipo de argumentación impiden que chicos y chicas tengan acceso a un aprendizaje crítico y de calidad en las escuelas. La alegación que utilizan es frágil: afirman que esos conocimientos son de origen europeo y, por eso, coloniales. Con esa perspectiva, el resultado que este discurso produce es grave para la ciudadanía: analfabetismo linguístico, matemático, científico y artístico.

Como bien recuerda Amartya Sen, el conocimiento matemático, lingüístico, científico y artístico se ha construido a lo largo de los siglos mediante la interlocución entre diferentes culturas. Otra advertencia que hace es sobre cómo la identidad alimentada por la relación complementaria con el colonizador, ya sea divinizándolo o demonizándolo, es perversa. Comprende las dos como caras de una misma moneda: la dependencia y la distorsión de la propia imagen. Paulo Freire ya lo había advertido en su Pedagogía del Oprimido y en su Pedagogía de la Esperanza. En su Pedagogía de la esperanza, Freire reafirma explícitamente el valor de la ciencia, de la escolarización y de la democracia. 

[Imagen: GetArchive]

Por Roseli R. Mello

Profesora titular en la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), Brasil. Creó el Núcleo de Investigación y Acción Socioeducativa (NIASE). Fue coordinadora del Programa de Acción Afirmativa de la UFSCar entre 2012 y 2013 y, de 2014 hasta 2020, del proyecto de movilidad académica internacional para estudiantes indígenas de la misma universidad.