El sábado pasado tuvimos la sesión de inauguración del seminario de formación del profesorado “A hombros de gigantes” de Valencia. Fue un encuentro muy emocionante que desbordaba ilusión, bondad, belleza, evidencias de impacto social y mucho atractivo.

La última parte del encuentro estuvo dedicada a dialogar y compartir nuestros sueños para este curso, esos deseos y propósitos con los que queremos contribuir a transformar y mejorar nuestras escuelas y nuestros barrios.

Uno de mis sueños en particular, compartido con otras personas participantes, es que los debates sobre educación se basen en evidencias de impacto social (ECIS) y que esas evidencias cobren la importancia que realmente tienen, de igual forma que ocurre en medicina: nadie quiere que le apliquen un tratamiento médico que no se haya contrastado mediante investigación rigurosa y suficiente para garantizar su eficacia y seguridad.

A veces, en debates educativos, se comparten problemáticas, dudas y propuestas sin llegar a ningún consenso, como si la educación fuera una cuestión de opiniones individuales o preferencias personales, todas igualmente válidas. Por ejemplo, se debate si enseñar a leer en infantil o esperar a que maduren, cuando la evidencia muestra los beneficios de favorecer el aprendizaje y las interacciones relacionadas con la lectura desde edades tempranas. Disponemos no solo de investigación rigurosa sino también de plataformas científicas abiertas al debate que nos ayudan a diferenciar los bulos de las evidencias.

Si en medicina está tan claro, ¿por qué no lo está en educación? Si la medicina se centra en aquellos medicamentos y tratamientos con impacto social, ¿por qué no nos centramos también en las actuaciones educativas que están llevando cada vez a más centros hacia el éxito? En medicina, las prácticas médicas que muestran buenos resultados se evalúan, se publican y, cuando la evidencia lo respalda, se pueden replicar en otros hospitales. En educación se debe también poner el foco en las actuaciones que llevan a los centros a superar las dificultades con mayor éxito. Así evitaremos perder tiempo y energías con conjeturas y ocurrencias que no producen mejoras o incluso empeoran los resultados educativos.

Como maestro, es muy gratificante y me vuelve a enamorar de mi trabajo encontrar personas y espacios donde pueda compartir los problemas que surgen en nuestros centros y aulas y que, lejos de quedarse en la queja, basarse en ocurrencias o buscar culpables, me ayudan a buscar soluciones y posibilidades a partir de los conocimientos que las ECIS han ido mostrando sobre cómo abordarlos y superarlos.

Imagen: Magnific
+ posts

Maestro de educación primaria y especialista de inglés