Es muy conocida la práctica comunitaria del País Vasco y, sin embargo, se conoce menos su influencia en la educación. Se sabe que la cuadrilla es más frecuente y duradera aquí que en otros contextos geográficos, aunque hay de todo en todas partes. También se habla de las sociedades gastronómicas y su evolución desde cuando eran solo de hombres, hasta la realidad muy diversa y transformadora actual. En las facultades de empresa de las mejores universidades del mundo, se estudia Mondragón como un caso cooperativo de éxito.

Esa riqueza comunitaria ha sido muy tenida en cuenta en algunos proyectos educativos que han arraigado en el País Vasco. No obstante, en el conjunto de su educación no se niega esa riqueza, pero ni se tiene en cuenta ni se conoce en detalle. Es muy frecuente que se insista en la necesidad de recursos materiales para mejorar la educación y es muy acertada esa demanda. Sin embargo, no son menos importantes los recursos humanos y, a veces, se desperdician como, por ejemplo, cuando se aparta a las familias y comunidades de las tareas claves de escuela. Esa es una decisión siempre torpe, pero más aún cuando se obvia una riqueza comunitaria como la que aquí tenemos.

Hay algunas cosas claras; una de ellas es que esas prácticas comunitarias son resultado de un proceso histórico particular. Las características geográficas influyen. Por ejemplo, las montañas y los valles favorecieron que no se impusieran unos latifundios y unos fuertes señores feudales, teniendo en cambio mucho arraigo los trabajos comunales entre diferentes minifundistas para abrir y mantener los caminos y otras infraestructuras.

Un acontecimiento histórico relevante fue la reacción popular frente a las muy crueles guerras de los bandos que provocaron los señores de diferentes territorios. El pueblo pidió amparo a la corona, que llegó a conceder la hidalguía prácticamente a toda Bizkaia; el Quijote se hace eco de esa circunstancia. Una forma de controlar que personas de otras zonas vinieran a Bizkaia para conseguir la hidalguía fue la necesidad de demostrar que tenías casa en Bizkaia. Ese proceso facilitó la proliferación de los famosos “auzolana” (trabajo comunitario), que propician la creación de las juntas vecinales. Jon Adams llegó a nombrar esas juntas de Bizkaia en su obra sobre la Constitución estadounidense.

Por tanto, recoger toda esta trayectoria para llevar la educación a los más altos niveles, con la participación de todas las personas, es un reto actual que tenemos que afrontar. Tenemos las herramientas para ello con ayuda de las evidencias científicas de impacto social.

Imagen: Wikimedia Commons
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Asesora de necesidades educativas especiales y coordinadora de la red de Comunidades de Aprendizaje de Euskadi