Cada 4 de junio se conmemora el Día Internacional de los Niños Inocentes Víctimas de Agresión, una fecha que nos recuerda el sufrimiento de millones de niños y niñas afectados por guerras, conflictos armados y otras formas de violencia. Ante esta realidad, es fácil pensar que poco podemos hacer en nuestros entornos cotidianos. Sin embargo, aunque una sola persona no pueda detener una guerra, cada uno de nosotros puede contribuir a crear entornos que protejan a la infancia y fortalezcan una cultura que rechace la violencia. La propia Declaración de los Derechos del Niño nos recuerda nuestra responsabilidad colectiva de garantizar que todos los niños y niñas crezcan en condiciones de protección, dignidad y pleno desarrollo.
La investigación científica ha demostrado que la violencia contra la infancia puede prevenirse actuando en los entornos más cercanos a los niños y niñas: las escuelas, las familias, las asociaciones y los espacios comunitarios. Son estos los contextos en los que se construyen las relaciones, los valores y los referentes que influyen en cómo la infancia interpreta el mundo que la rodea. Las actuaciones que han demostrado un mayor impacto social en la prevención de la violencia contra la infancia implican a toda la comunidad en la protección de las víctimas y en la creación de entornos donde la violencia pierde atractivo.
Numerosos estudios han identificado la existencia de un discurso coercitivo dominante que, desde edades muy tempranas, presiona a los niños y niñas para asociar la violencia, la dominación o los comportamientos agresivos con el atractivo. Este mensaje llega a la infancia a través de múltiples canales de socialización y puede influir en las preferencias, expectativas y relaciones que desarrollan posteriormente. Tener en cuenta esta evidencia es fundamental para avanzar hacia una prevención realmente eficaz.
Por esta razón, las escuelas y otros entornos educativos tienen una oportunidad decisiva. El objetivo no es únicamente enseñar que la violencia está mal, sino también despojarla de su atractivo social y, al mismo tiempo, otorgar prestigio y reconocimiento a quienes actúan con solidaridad y valentía frente a las agresiones. Cuando una comunidad apoya activamente a quienes protegen a las víctimas y rechaza todas las formas de violencia, está construyendo una cultura de protección que reduce los riesgos y favorece relaciones más libres y seguras.
La construcción de una sociedad capaz de responder a gran escala frente a las agresiones contra la infancia comienza precisamente en estos espacios cotidianos. Las personas que aprenden desde la infancia a rechazar la violencia y a responder a ella de forma pacífica estarán mejor preparadas para defender los derechos humanos cuando estos se vean amenazados. Recordar a los niños y niñas víctimas de agresiones también significa asumir nuestra responsabilidad en el presente: construir, cada día, comunidades que hagan de la protección, la solidaridad y la defensa de la infancia una práctica real y compartida.
Imagen: Magnific
Este artículo fue publicado por primera vez en Daily 27 el 4 de junio de 2026
Profesor de educacion primaria durante 7 años y doctorando en la Universitat Rovira i Virgili
