Ser upstander significa no mirar hacia otro lado ante la violencia, sino posicionarse para proteger a quien la sufre. Cada vez más centros educativos están impulsando formas de convivencia basadas en la solidaridad, el apoyo mutuo y la valentía de actuar frente a cualquier situación de abuso o humillación. Ser valiente no es hacer daño ni imponer miedo; ser valiente es proteger, ayudar y actuar junto a otras personas para construir espacios seguros para todos y todas.

¿Cómo podemos ser upstanders?

1. Dejar de normalizar la violencia

La comunidad educativa ya no normaliza la violencia. Un alumno nos dice:

«No me gusta que mi profesor me riña. No he entendido lo que me ha dicho y él me ha gritado; eso me pone más nervioso. No me gusta.»

Una madre comenta:

«He visto a una monitora de comedor coger a un alumno y no me han parecido formas.»

Reconocer estas situaciones y hablar sobre ellas es un primer paso fundamental para transformar la convivencia.

2. Dotar de atractivo los comportamientos no violentos

Es importante visibilizar al alumnado que tiene comportamientos solidarios y de ayuda. Un maestro dice en voz alta:

«Cómo mola esa actitud tan solidaria que has tenido con tu compañero» o «Eres muy crack; seguro que tú y tus amigos os ayudáis en todo

Cuando el reconocimiento social se vincula al apoyo y al buen trato, aumentan las conductas solidarias dentro y fuera del aula.

3. Cuando somos testigos directos o indirectos, hacemos algo

  • Denunciar: enseñamos al alumnado que buscar ayuda para denunciar una situación también es de valientes. Es muy importante que el alumnado pueda tener un compañero o una persona adulta que sepa con seguridad que le va a apoyar.
  • Actuar directamente tomando una posición a favor de la víctima: todas las personas podemos decir: “Para”, “No te lo voy a permitir”, “No estoy de acuerdo con lo que estás haciendo” o “Esto es intolerable”.

Las personas que actúan como testigos directos intervienen en todos los entornos educativos: autobús, clase, patio o comedor. Cuando la comunidad educativa deja de callar y actúa unida, disminuye el aislamiento de las víctimas y aumentan la seguridad y la confianza.

4. Acompañar a la víctima y demostrarle que no está sola

El alumnado acompaña a la víctima y verbaliza mensajes como: “Somos una piña”, “Hacemos escudo y te protegemos” o “Todos a una, como Fuenteovejuna”. Además, se le apoya no solo el día del acto violento, sino también durante el proceso de recuperación, procurando que esté segura y bien.

5. Defender a quien defiende

Nos comprometemos a proteger a quienes defienden a la víctima, superando la violencia aisladora que busca aislar y atacar a quienes apoyan a las víctimas.

En este caso seguimos creando un escudo de protección y, al conocer las evidencias científicas, ayudamos al alumnado a estar atento para que nadie se quede solo y aislado. “Somos un equipo y hacemos escudo de protección”.

Construir una escuela libre de violencia no depende solo de unas pocas personas. Cuando alumnado, profesorado, familias y comunidad actúan juntos, se crean entornos donde cada persona puede sentirse segura, escuchada y valorada.

¡Si somos upstanders, seremos líderes que crean nuevas realidades sociales!

Imagen: Magnific
+ posts

Maestra de educación especial y directora del centro de educación especial Virgen de la Esperanza (Cheste)