Después de más de 30 años de profesión, veo muy claro que los congresos de educación no han logrado, ni de lejos, responder a las necesidades y demandas del profesorado. Llega un momento en el que ya no se espera nada que sirva para la mejora educativa. Se termina comentando más si alguna conferencia ha sido interesante y no si sirve para mejorar, o incluso la valoración del catering.

Necesitamos congresos que aporten teorías y prácticas que nos sirvan para mejorar nuestra profesión y la educación del alumnado. A eso se le llama hoy impacto social. Uno de sus requisitos es que quienes imparten conferencias o paneles hayan aplicado ya lo que aconsejan y presenten evidencias de las mejoras de resultados que así han logrado. Si ni ellos ni nadie han logrado mejorar los resultados con sus propuestas, no deben aplicarse con personas menores de edad y menos sin permiso de sus tutores.

También necesitamos que se nos escuche de verdad a quienes estamos cada día muchas horas en la práctica educativa. No tiene sentido que quienes no la conocen nos expliquen lo que tenemos que hacer en ella o monten dinámicas de grupo que no sirvan para construir conjuntamente el conocimiento considerado válido. A eso se le denomina hoy cocreación y es, junto con el impacto social, uno de los criterios principales de la investigación científica en todos los ámbitos.

La solución pasa por elegir mejor los congresos. Yo perdí mucho tiempo en los primeros años de profesión asistiendo a congresos que no servían para nada excepto para el ego y la remuneración de conferenciantes. Ahora solo voy e iré a los que, como CIMIE, responden a nuestras necesidades.

Imagen: Freepik
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Asesora de necesidades educativas especiales y coordinadora de la red de Comunidades de Aprendizaje de Euskadi