En relación con el artículo publicado en La Vanguardia el 11 de septiembre bajo el título “Familias denuncian plan anti-bullying del catedrático de la UB investigado por acoso sexual”, considero imprescindible aportar matices y corregir tergiversaciones que afectan directamente a tantos niños y niñas, a sus familias y a toda la comunidad educativa, al atacar la credibilidad de programas que han demostrado ser eficaces en la lucha contra el acoso escolar.
La noticia presenta el club de valientes violencia cero y las comunidades de aprendizaje como metodologías “sectarias” o dañinas, basándose en testimonios aislados y sin contrastar con la amplia evidencia científica que existe al respecto. No es cierto que se trate de prácticas de aislamiento sistemático o de imposiciones sin diálogo. Cuando se aplican con rigor pedagógico y participación de la comunidad educativa, estas actuaciones se han mostrado como herramientas eficaces para fomentar la solidaridad, empoderar a quienes sufren acoso y promover la responsabilidad colectiva de los compañeros y compañeras.
La realidad es bien distinta a la que el artículo insinúa: el club de valientes violencia cero ha sido clave en muchos centros para reducir significativamente el bullying, mejorar la convivencia y construir entornos escolares más seguros e inclusivos. Un ejemplo es la Escola Mare de Déu de Montserrat de Terrassa, que fue distinguida con el Premio Enseñanza 2018, por lograr el éxito escolar de sus 214 alumnos en un contexto de alta complejidad social, construyendo un espacio de convivencia protegido.
El artículo también intenta desacreditar la base académica de estas metodologías alegando que los estudios publicados son “autoreferencias” de CREA. Estas periodistas no saben que la obligación de toda persona de ciencia es publicar los resultados de sus investigaciones en revistas de alto nivel, que son las consultadas por las y los principales especialistas del mundo, para que, si hay algún error, lo señalen. Del mismo modo que los equipos que desarrollan una vacuna publican sobre ella y después la aplican, CREA ha seguido el camino científico que corresponde: investigación rigurosa, publicación en revistas indexadas en las principales bases de datos académicas y aplicación práctica en las escuelas. Por ello, esta práctica está aconsejada y avalada por la Comisión Europea y por otros organismos internacionales.
Lo más preocupante de la noticia no es solo la falta de contraste, sino que por una supuesta “exclusiva” se termine atacando injustamente a los centros y comunidades educativas que están logrando buenos resultados con el alumnado de contextos más vulnerables, para quienes estas iniciativas han abierto la posibilidad real de aprender en entornos libres de violencia y ofrecer oportunidades y resultados educativos hasta el momento nunca soñados.
El periodismo tiene también una responsabilidad con estos niños y niñas, sus familias y sus centros. Ellos merecen que sigamos construyendo escuelas libres de acoso, no que destruyamos las iniciativas que han demostrado hacerlo posible.
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Asesora de necesidades educativas especiales y coordinadora de la red de Comunidades de Aprendizaje de Euskadi
