Según Bourdieu, las clases populares viven en un universo cerrado del que no pueden salir. Al profesorado que intenta abrir puertas para que puedan acceder a la cultura les descalifica como inocentes partidarios de la buena voluntad cultural que pretende lo imposible. ¿Cómo es posible que haya tanto profesorado que sigue, admira o considera gran intelectual a quien les desprecia? ¿Cómo es posible que haya tanto profesorado universitario que considera su aportación como una gran teoría sociológica, si nunca ha servido para mejorar los resultados de ninguna escuela, ni ninguna otra mejora social, ni resiste la más mínima argumentación ni evidencia?

Una de las claves es lo engorrosos que son sus libros, que hacen que se hable y escriba de ellos sin haberlos leído y entendido. Solo como ejemplo pongo las primeras palabras del concepto más famoso:

«Estructura estructurante, que organiza las prácticas y la percepción de las prácticas, el hábitus es también estructura estructurada: el principio de la división en clases lógicas que organiza la percepción del mundo social es a su vez producto de la incorporación de la división de clases sociales.»

La profesora de la Facultad de Salud Pública de Harvard, Rima Rudd, ya demostró que había médicos que hablaban con un lenguaje entendible a pacientes con estudios universitarios y con un lenguaje más críptico a pacientes con bajos niveles de estudios. En el caso de las ciencias sociales, esa voluntad de que no se entienda lo que se dice es con frecuencia una forma, como dijo Chomsky, de que no se descubra que no se tiene nada valorable que decir. Si una teoría social es rigurosa y mejora la sociedad, es entendible por todo el mundo.

Otra de las claves es que, como no mejora nada en la práctica, ni tiene rigurosidad teórica, sirve para justificar a quienes tampoco mejoran nunca nada en la práctica, ni leen ni dialogan los libros que sí lo hacen. Si alguien intenta mejorar los resultados educativos de su alumnado y no lo logra, encuentra en Bourdieu quien le dice que es porque es imposible, debido al bajo nivel socioeconómico o capital cultural de sus familias. Peor todavía es cuando ni siquiera quieren intentarlo, esos son los mayores defensores de Bourdieu.

Hay otras claves, como la descubierta por las investigaciones científicas sobre socialización preventiva: el discurso coercitivo que obliga a valorar más a quien desprecia y menos a quien mejora la vida. Pero esto queda para otros artículos.

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Por Elisabeth Torras

Investigadora postdoctoral Margarita Salas UB/UAB