John Goodenough: un Nobel con dislexia

Hace unos días, en Periódico Educación pudimos leer el artículo Dislexia y salud mental. Este esperanzador artículo refleja cómo los problemas de ansiedad, baja autoestima, depresión… no se derivan de la propia dislexia, sino de terceros factores, y que con altas expectativas, y entornos educativos y sociales bien organizados e inclusivos, se pueden reducir los problemas de salud mental, lo que evidentemente tendrá un efecto en los aprendizajes.

Pues bien, una herramienta que puede ayudar a nuestro alumnado a sentirse esperanzado y tener altas expectativas en ellos y ellas mismas es tener referentes que les muestran cómo pueden llegar a donde se proponen. Por eso, dentro de la serie de artículos sobre premios Nobel, hoy hablamos de John Goodenough, premio Nobel de Química en 2019. Quizás no es un nombre muy conocido, pero a él debemos las baterías de iones de litio de nuestros teléfonos, portátiles…

John Goodenough sufrió una dislexia no diagnosticada. A los doce años parecía un alumno poco interesado en los estudios, a quien solo le importaban las excursiones al bosque, las plantas y los animales. Sin embargo, en 1944 se graduó summa cum laude en la Universidad de Yale.

¿Cómo sucedió este salto, cómo puede ser? La infancia de John no fue fácil: la mala relación de sus padres entre ellos y hacia él, la baja expectativa que mostraban hacia él…

«Sabía que no era inteligente y eso me frustraba.»

«Leía con dificultad, sin captar fácilmente la información del párrafo. En mi época escolar me esforzaba mucho por esconder mi deficiencia.»

Salir de ese ambiente e ingresar en el internado de Groton, donde apenas volvió a oír de sus padres, fue muy positivo para él.

«Fui feliz al irme, me enamoré de la poesía y la filosofía religiosa. Existen dos tipos de conocimientos: el espiritual y el científico. Hay un sitio para cada uno de ellos.»

El aumento en su autoestima y la mejora de su imagen personal repercutieron en su futuro académico y logros, demostrando que no es real que el origen social, económico o familiar marquen nuestro destino. Y así con entusiasmo, y casi por azar, empezó a estudiar matemáticas en la Universidad de Yale, después de finalizar la escuela.

«No me gustaba demasiado leer, ni siquiera ahora soy muy buen lector. Así que no iba a estudiar historia, ni iría a la escuela de derecho.»

En matemáticas encontró su sitio, ayudaba a los alumnos de familias más adineradas para pagarse sus estudios y empezó a tener una potente red social y a sentirse reconocido.

Posteriormente, fue en la Universidad de Chicago donde inició el camino hacia el Nobel. Un antiguo profesor le recomendó un programa federal que buscaba enviar a un grupo selecto a estudiar física en Chicago. Una vez más superó los estándares de la época que dictaban que con 24 años ya se llegaba tarde a investigar. Discutió esta creencia mostrando su talento y con mucho trabajo científico; así, en 1952 obtuvo el doctorado en Física. Hoy en día, son muchos los estudios que demuestran cómo la participación social, el estudio y las relaciones sociales facilitan el desarrollo cognitivo en edades avanzadas, que no hay relación directa entre hacerse mayor y reducir la actividad intelectual y que hay muchos factores que determinan nuestra felicidad y salud mental.

De hecho, en la línea de este estudio de Harvard cabe destacar como parte importante que en el campus fue donde John conoció a Irene Wiseman, el gran amor de su vida, con quien debatía sobre filosofía y religión, y con la que se casó en 1951. Incluso cuando Irene vivió una dura lucha contra el Alzheimer y hasta que murió, él la visitaba todos los días en la residencia:

«Para mí es importante ir todos los días y estar con ella; no tuvimos hijos, pero nos teníamos el uno al otro.»

Ya sin el gran amor de su vida, Goodenough aseguraba que su trabajo, amigos y alumnos eran su energía. Por eso trabajó hasta que murió en 2023, dejando diferentes testimonios de personas jóvenes estudiantes e investigadoras que aseguran que era fácil acceder a él para pedir ayuda y que mantenía actitudes solidarias e igualitarias que mejoraban el ambiente de trabajo.

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[Imagen: Wikimedia Commons]

Por Zaida Mas

Maestra de infantil y primaria