Volvemos con la serie de webinars de Education Now con nuevos temas. Recordamos que están organizados por Harvard Graduate School of Education. Este año han comenzado con este tema tan actual y que preocupa tanto: “Nos enfrentamos al acoso virtual (ciberacoso)”: consejos de personas expertas para informar sobre el impacto del acoso virtual en la infancia y su prevención. Si quieres acceder al vídeo, toca aquí

Hay investigaciones que evidencian la importancia de crear un clima escolar seguro, positivo, en el que haya respeto, sentimiento de pertenencia y seguridad para todos los miembros de la comunidad educativa. Se van a presentar distintas estrategias para hacer frente al acoso y ciberacoso. 

Para empezar y entender cómo funciona el clima escolar en un centro educativo, una de las ponentes comparte la siguiente analogía: hay que imaginar que el centro es una playa donde quieres estar relajado, pero esta playa está sucia porque hay basura. El resto de elementos positivos están ahí igualmente, pero es difícil concentrarse en lo positivo cuando está toda esa basura esparcida. Preocupa no tocarla, que no te afecte, evitarla. Es importante reflexionar sobre cómo el alumnado se trata, incluso los pequeños comportamientos negativos pueden ensuciar ese clima escolar. Por eso hay que empoderar al alumnado y darles herramientas para no ser sujetos pasivos. Les diremos: “vamos a reflexionar sobre todas estas basuras que tiramos en esta maravillosa playa y limpiémosla para poder poner el foco en las cosas bonitas.” 

Una estrategia que funciona para mejorar el clima es que todas las personas de la comunidad participen en la visión del colegio. ¿Qué es lo que queremos de nuestra escuela? ¿Qué es basura y qué es lo bonito? Y se define entre todos y todas. Se trata de ver cómo compartir esa responsabilidad para que el colegio tenga ese clima escolar que queremos entre todos y todas. 

Son los niños y niñas quienes tienen el poder de diseñarlo, y las personas adultas tienen que facilitar y orientarles para conseguirlo. Necesitan que se les muestre que se les valora y se les escucha. Por ejemplo, organizando un grupo que se reúna todas las semanas, protagonizado por estudiantes, porque se quiere escuchar sus propuestas. 

En segundo lugar, otra estrategia que ha demostrado que funciona y mejora la convivencia son los pares en los que hay un alumno mayor y otro más pequeño emparejados desde el primer día de clases para que el mayor le cuente las normas sociales, lo que se espera de ellos en el centro, y de esta manera tejan una relación de confianza. Así, en las ocasiones en las que pedir ayuda a una persona adulta puede resultar complicado, este alumno mayor está cerca en edad, lenguaje y forma de ver las cosas. Así tienen un apoyo más en el centro. 

Tenemos que descubrir las cualidades y aptitudes del alumnado y que todos y todas promuevan y transmitan la importancia de prevenir y estar en contra del acoso y el ciberacoso. En algunas escuelas también realizan dramatizaciones para mostrar ejemplos de consentimiento, de ser testigos activos, y lo hacen de forma que ayudan a las demás personas a imaginar situaciones donde podría ocurrir y cómo actuar e intervenir como “upstanders”. Porque sabemos que las consecuencias que se sufren les pueden acompañar y repercutir durante toda la vida.

Otra potente estrategia para concienciar y prevenir el acoso es que las y los jóvenes participen en la investigación; que analicen la situación y los datos de la investigación relacionada con el tema. Así son protagonistas, conocen y manejan de primera mano las alarmantes cifras del número de casos de violencia que ocurren en los centros.    

Algo importante que debemos tener en cuenta son los “gateway behaviours”, que son pequeños comportamientos antisociales que poco a poco van a más si no se frenan a tiempo. Son comentarios, actitudes y comportamientos despectivos, de desprecio, como por ejemplo burlarse, ignorar a alguien cuando habla, cuchichear, contar chismes y rumores, señalar a las víctimas delante de ellas para que se sientan mal, hacer ruidos o caras cuando la persona en cuestión habla para mostrar desprecio… Estas actitudes hacen que la escuela no sea un lugar seguro, ni cómodo ni agradable. Es importante verbalizar que no son aceptables estos comportamientos, no se van a permitir. “Tratar así a la gente no vale, no está bien y no mola”. En algunas ocasiones, el profesorado interviene pero la víctima dice cosas como “estoy bien, no me molesta.” Esto puede hacer que optemos por no seguir defendiéndola. La recomendación es que dejemos siempre claro que no se va a tolerar ese comportamiento. Es importantísimo posicionarse: “cuando la gente hace estas cosas, como burlarse, a mí me molesta. No lo hagas. No mola.” Pongamos el énfasis en que eso no se va a permitir. Esta es una manera de mostrar apoyo a la víctima y frenar dichas conductas. Frente a este tipo de actos, en las escuelas donde la mayoría de las personas adultas se posicionan ante estos pequeños comportamientos desagradables, las tasas de acoso son muy bajas. 

Por otra parte, no se debería descuidar el trabajo de la resiliencia, habilidad de superar adversidad y reequilibrarse ante amenazas, cotilleo, rumores, exclusión, etc. Nadie nace sabiendo ser resiliente; se aprende. El hecho de salir con éxito de las situaciones en las que se sufre o son desagradables porque se ha frenado a la persona agresora, porque un compañero o amigo le ha defendido o porque le ha salvado, ayuda a saber que se pueden superar esas situaciones en el futuro. En la investigación, 3 de cada 4 jóvenes que tienen amigos y estrategias para salir de la situación lo superan exitosamente. Si se ensaya, se practica o se habla del tema, aumentan los recursos de que se dispone cuando haya que enfrentarse a otro acontecimiento de este tipo.

Otra estrategia es el “counterspeech”, comentarios que combaten los discursos de odio, desagradables o crueles sin censurarlos, usando la empatía. Se suelen utilizar en las redes sociales. También pueden estar en clave de humor para distraer o despistar.

Asimismo, ocurre que hay familias que les dicen a sus hijos e hijas que respondan insultando o pegando cuando les han tratado mal. El consejo de los profesionales es transmitir a las familias que, cuando las víctimas responden de forma agresiva, la situación empeora. Las personas abusonas quieren meter a las víctimas en problemas y pueden intentar “que se la devuelvan”. Se recomienda, en cambio, que estén cerca de amigos y amigas, que jueguen juntos, que coman juntos, porque la amistad es un gran factor protector. No obstante, las familias que establecen uniones y vínculos fuertes, cenan juntas, hablan de estos temas, de lo que les ocurre y cómo enfrentarse a estos conflictos sin violencia, hacen que sus hijos e hijas sufran muchísimo menos. Tienen ese apoyo y recursos para enfrentarse a las adversidades. 

Por último, al no haber prohibido los teléfonos inteligentes, la juventud está demostrando que va aprendiendo a manejarlos, usarlos bien y sacarles provecho. Los adultos pueden demostrar cómo usar el móvil, cuándo guardarlo, también pueden mostrar cosas interesantes y, sobre todo, asegurarse de que también en espacios virtuales hay quienes tratan bien a todas las personas. 

[Imagen: hse.harvard.edu]

Por Teresa Vázquez

Maestra de primaria y especialista de inglés