Rita Levi-Montalcini: científica, solidaria, valiente e incansable

En la vida, y cómo no en la escuela, a menudo encontramos situaciones que parecen insalvables. En esos momentos es importante tener referentes que puedan ayudarnos a recordar que todo es posible y que, incluso en las situaciones más adversas, la valentía, la ciencia, la solidaridad y la amistad pueden ser nuestras aliadas. En Rita Levi-Montalcini, premio Nobel de Medicina en 1986, podemos encontrar un ejemplo de todas estas herramientas.

Como mujer científica, ella recuerda en sus memorias ser consciente, desde muy joven, de que tenía referentes femeninos como Safo, Vittoria Colonna y Gaspara Stampa, todas ellas poetisas, pero que no sabía de científicas, argumento que algunas personas le daban para hacerle olvidar su sueño de estudiar medicina, algo que por suerte no la frenó, aunque no era fácil en 1930. Incluso logró la aprobación de su padre, que en principio no estaba demasiado convencido. Así fue como logró no solo realizar los estudios con éxito, sino tener la mejor nota de su promoción, como ella dice, con dedicación y empeño por superar las dificultades, porque esto permite superar dificultades que otros no se atreven a enfrentar”.

Cuando Rita se licenció en medicina, inició los estudios de especialidad en neurología y psiquiatría, ya que su motivación desde el inicio fue realizar estudios sobre el sistema nervioso, y continuó trabajando en la universidad con su profesor Giuseppe Levi, de quien aprendió el rigor y los procesos científicos.

En 1938 sus trabajos de investigación en la universidad se vieron interrumpidos por el manifiesto de Mussolini, que negaba a los judíos el derecho a los puestos de investigación. Rita no se rindió y buscó diferentes maneras para seguir ejerciendo la medicina, pero echaba de menos la vida en el laboratorio. Con la II Guerra Mundial iniciada, las dificultades aumentaron pero, en este caso, fue la amistad de Rodolfo Amprino lo que le dio impulso cuando le costaba seguir adelante:

«No te des por vencida, monta un laboratorio y continúa. Recuerda a Cajal, y cómo en la ciudad medio dormida que debía de ser Valencia a mediados del siglo XIX, sentó las bases de lo que conocemos del sistema nervioso de los vertebrados»

Y, de repente, Rodolfo fue esa amistad que todo el mundo debería tener en la escuela, y que las evidencias dicen que tanto beneficia a todo el alumnado.    

Si seguimos el ejemplo de Rita Levi-Montalcini, para que nadie quede atrás por “no atreverse”, para ofrecer rigor y verdad, desde los centros debemos visibilizar a referentes de mujeres y ciencia, ofrecer una educación feminista basada en evidencias y en altas expectativas, tanto para alumnado como para docentes. Una gran oportunidad para nuestra formación en este sentido es el próximo Congreso Internacional de Ciencia, Feminismo y Masculinidades (CICFEM).

A pesar de las complicadas condiciones de trabajo (laboratorios caseros, tener que cambiar de país en varias ocasiones, dificultad para conseguir los huevos fecundados que necesitaba…), nunca dejó de lado su pasión. Fue compartir información en otros colegios científicos de la forma más solidaria e igualitaria lo que la hizo llegar tan lejos.

Rita Levi destaca en su libro Elogio de la imperfección que en su vida ha ido encontrando a miles de personas, pero solo un centenar puede haber resultado importante, y que no ha influido el sexo, ni el rango, ni la profesión, ni la edad para ser importantes en su vida, que las buenas interacciones son las que quedan en nosotros. Y, sin duda, una de estas personas para ella sería Stanley Cohen, con quien después de unos 40 años de estudios sus investigaciones llegaron a los mejores resultados, y con quien compartió el premio Nobel de Medicina en 1986 a partir de los estudios en los que descubre el factor de crecimiento nervioso. Este colega fue quien le dijo: «Rita, tú y yo somos buenos, pero juntos somos maravillosos». Un lema que nos puede ayudar en la prevención de la violencia de género y de cualquier tipo con la amistad.

Con este paso que le dio reconocimiento mundial, siguió mostrando su solidaridad participando solo en aquellos actos que tuvieran finalidades humanitarias. Fundó una asociación desde la que ofrecía becas a mujeres africanas para que pudieran formarse, ya que el aprendizaje, la formación y el cerebro activo son, para ella, claves hasta el último momento de su vida con 103 años. Como ella decía:

«Mantén tu cerebro ilusionado y activo, hazlo funcionar y nunca degenerará»

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[Imagen: Flickr]

Por Zaida Mas

Maestra de infantil y primaria