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La película El hombre que inventó la Navidad (Bharat Nalluri, 2017) está inspirada en las seis semanas en las que Charles Dickens escribió Cuento de Navidad. Se permite alguna licencia sobre los hechos, aunque sí recoge muy bien episodios y aspectos que formaron parte de la vida del escritor inglés e influyeron no solo en este cuento sino en toda su obra e incluso en la sociedad de la época hasta la actualidad. Además, ha sabido hacerlo incluyendo algún toque de ese humor inteligente de Dickens que también podemos encontrar en sus cuentos y novelas.

Independientemente de si somos o no personas cristianas y de si nos gusta más o menos la Navidad, esta película, así como el propio Cuento de Navidad (el libro y la película -hay muchas versiones disponibles-) son dos muy buenas opciones para compartir y dialogar estos días con las y los más pequeños, la familia, amigos y amigas de todas las edades. Expongo aquí algunos de los motivos. No será spoiler porque es fácil encontrar información sobre todo ello.  

Uno de los episodios de la vida de Charles Dickens que aparece en la película es el de la fábrica de betún. El escritor lo mantuvo oculto durante toda su vida. Se conoció pocos años después de su muerte en la primera biografía, Vida de Charles Dickens, publicada por su íntimo amigo John Forster (que aparece también en la película), gran parte de la cual habían escrito juntos. En la Inglaterra victoriana, haber vivido un hecho como aquel era motivo de desprecio y rechazo social. Cuando Dickens todavía no tenía los 12 años, su padre fue declarado culpable por impago de deudas y fue encarcelado. En aquella época existían prisiones destinadas a los acusados por ese tipo de delito, en las que podía ingresar también la familia. Acompañaron a su padre su madre y hermanos más pequeños. El pequeño Charles se quedó solo sin ninguna persona adulta que cuidara de él. Se vio obligado a trabajar en una fábrica de betún jornadas de 10 horas en condiciones infrahumanas. El poco dinero que ganaba lo invertía en pagar la habitación y manutención de la casa en la que se hospedaba y en ayudar a su familia. 

La época en la fábrica de betún lo marcó de por vida. Con la publicación de esa primera biografía se pudo identificar que situaciones por las que pasan muchos de sus personajes como Oliver Twist y David Copperfield, entre otros, son autobiográficas. Una de las mayores preocupaciones de Charles Dickens era que hubiera miles de niños y niñas sufriendo lo que él sufrió. Le indignaba la indiferencia que hacia esa injusticia mostraba parte de la sociedad. No es que no se conociera esa realidad; se publicaron en la Inglaterra de la época desde diferentes organizaciones informes que recogían las condiciones de pobreza extrema que llevaba a miles de niñas y niños a vagar por las calles y a ser explotados en minas, fábricas, limpiando chimeneas, incluso antes de los cinco años, muriendo muchos de ellos víctimas de los abusos, agotamiento, hambre, frío y enfermedades ocasionadas por las condiciones en las que vivían. 

Dickens no solo se dedicó a escribir cuentos y novelas comprometidos con esos niños y niñas y con los más oprimidos, que eran un éxito internacional, sino que aprovechó su fama y dinero para apoyar y crear proyectos sociales, entre ellos escuelas-hogar para niños, niñas y mujeres de la calle (algunas sacadas de la prostitución) donde recibían una educación de calidad y podían tener una vivienda digna y acogedora, muy alejada de lo que por aquel entonces eran los asilos para pobres que hemos conocido por su novela Oliver Twist, entre otras. El escritor además supo involucrar y comprometer a personalidades acaudaladas en donaciones para estos proyectos sociales y educativos.Él creía en la literatura como medio para cambiar los sentimientos y las mentes de las personas. En un momento donde además se estaba olvidando el sentido de la Navidad, creyó que la manera más efectiva de sensibilizar a la sociedad sobre la indiferencia hacia quienes sufrían y superar el egoísmo era escribir un cuento donde se recuperaba el sentido de esa celebración. Este se recoge muy bien en toda la película y en su última frase: “Cuento de Navidad se ha convertido en uno de los libros más vendidos de todos los tiempos cambiando para siempre nuestra forma de celebrar la Navidad, recordándonos la alegría que se halla en la amistad, la bondad y la generosidad”. Ese es el sentido al que nos hemos acogido algunas personas, que incluso no siendo cristianas y no habiéndonos gustado la Navidad, hemos recreado esta celebración. En mi casa, desde que mis hijos eran bastante pequeños, por estas fechas vemos la película y leemos partes del Cuento de Navidad. Siguiendo a Dickens, hemos transformado la Navidad, alejándonos del consumismo y poniendo el sentido en el valor de la amistad y en crear momentos especiales con las personas que queremos.

[Imagen: 123RF]

Por Laura Ruiz

Profesora en la Facultad de Educación de la Universidad de Barcelona. Investigadora en actuaciones educativas de impacto social para la superación de las desigualdades sociales.