Quienes trabajamos implementando las actuaciones educativas de éxito (AEE) conocemos bien la emoción que produce comprobar los grandes avances de muchos niños y niñas que parecían arrastrar algún tipo de «bloqueo» en su aprendizaje. Gracias a la aplicación rigurosa de las AEE y al apoyo de las amistades y de la comunidad que generan, esos obstáculos se superan y los aprendizajes mejoran de forma significativa.
También se emocionan quienes nunca han tenido la oportunidad de participar directamente en las AEE cuando escuchan los relatos de superación del alumnado y de sus familias en las comunidades de aprendizaje. Sus testimonios muestran cómo una escuela que implementa estas actuaciones puede transformar vidas y dibujar nuevos horizontes.
Estos relatos son necesarios. Dan sentido al trabajo que profesorado y voluntariado realizan cada día con un objetivo claro: mejorar la vida de los niños y niñas. Sin embargo, quienes trabajan con las AEE no se conforman únicamente con esas historias de éxito. Aspiran a que todo el alumnado mejore sus aprendizajes al mismo tiempo que mejora la convivencia. En definitiva, trabajan para obtener las mayores mejoras de resultados para todos y todas.
Y es que saben que el futuro de los niños y niñas en gran parte depende de sus logros académicos. Por eso, no caen en la hipocresía de desear esos logros solo para sus propios hijos e hijas, sino que trabajan para que estén al alcance de todo el alumnado, sin excepción.
De ahí que busquen cada día la manera de implementar las AEE con mayor rigor, intensidad y frecuencia. Las evidencias científicas de impacto social son claras al señalar que, hoy por hoy, la mejor forma de mejorar los resultados educativos es precisamente esa: implementar las AEE con cada vez mayor intensidad, rigurosidad y frecuencia.
Imagen: Magnific
Profesor de educacion primaria durante 7 años y doctorando en la Universitat Rovira i Virgili
