El pasado 25 de noviembre, el mundo volvió a alzar la voz contra las múltiples formas de violencia que sufren las mujeres. Aunque tradicionalmente se ha puesto el foco en las violencias físicas y psicológicas, las campañas institucionales de este año han puesto el foco en la violencia digital, debido a que es una problemática que está adquiriendo relevancia. El ciberacoso, la difusión no consentida de imágenes íntimas, la suplantación de identidad o los discursos de odio, entre otros, reproducen en el entorno virtual las mismas dinámicas que históricamente han afectado en el entorno físico. No obstante, la velocidad, el alcance y el anonimato que ofrecen las plataformas digitales amplifican estas agresiones.

En este escenario, las nuevas masculinidades alternativas (NAM) suponen un modelo transformador que cuestiona y rompe con los modelos tradicionales de masculinidad que sostienen la violencia contra las mujeres. Las NAM no solo rechazamos las conductas violentas, vengan de donde vengan, sino que apostamos por el posicionamiento activo frente a ella. Proyectos europeos como el REAL UP: Discurso de odio, racismo y xenofobia: Mecanismos de Alerta y Respuesta, análisis del discurso upstander (CERV-2021-EQUAL), ya han demostrado que la figura del upstander —la persona que actúa, que no mira hacia otro lado— es esencial para reducir la impunidad en los entornos digitales.

Las NAM asumimos este rol: ser upstanders. Esto implica señalar comportamientos violentos cuando aparecen, apoyar y amplificar las voces de quienes denuncian agresiones y evitar relativizar o justificar prácticas digitales dañinas. Esta intervención también pasa por no compartir memes, capturas o contenidos que vulneren a una mujer, y por denunciar perfiles o publicaciones que difundan material íntimo sin consentimiento.

Los hombres NAM tenemos una responsabilidad directa en la generación de espacios digitales más seguros. En grupos de WhatsApp, foros o comunidades virtuales, cortar comentarios misóginos, rechazar las burlas y dejar claro que no son aceptables constituye un acto fundamental de prevención y reparación.

El mensaje es claro: los hombres debemos intervenir. La violencia digital no desaparecerá solo con regulaciones o algoritmos; requiere hombres valientes, seguros y activos.

Imagen: Freepik
Este artículo fue publicado por primera vez en Diario Feminista el 26 de noviembre de 2025
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Investigador predoctoral FI en el Departamento de Sociología de la Universidad de Barcelona