Es frecuente escuchar y leer en medios de comunicación los problemas de convivencia que existen en algunos centros educativos. Afortunadamente, no en todos los centros el clima es así.
Trabajo en una escuela comunidad de aprendizaje que lleva 11 cursos implementando actuaciones educativas de éxito (AEE); entre ellas, el modelo dialógico de prevención y resolución de conflictos (MDPRC) y el club de valientes violencia cero. La aplicación de las evidencias científicas ha facilitado, con el paso del tiempo, una mejora progresiva de la convivencia. De hecho, la inmensa mayoría de los y las docentes que llegan nuevos manifiestan que esta es mejor que en otros colegios en los que han trabajado.
Para poder ilustrar esta afirmación, he pedido a algunas maestras (cuya relación profesional con nuestra escuela ya ha finalizado) que intentaran expresar alguna impresión sobre la convivencia de nuestra escuela.
«No fueron muchos los días que necesité para maravillarme con el clima de convivencia que se vivía en las aulas del centro. Como maestra, me sorprendí al ver de qué forma había impactado positivamente el club de valientes. Pude apreciar en el día a día de un curso escolar la forma en la que la comunidad y el alumnado se relacionaban y vinculaban, desde el amor, el respeto y el diálogo total.»
Estas maestras fueron capaces de identificar la causa del clima positivo que se respira.
«Gracias al club de valientes pude vivir en primera persona cómo los niños y niñas utilizaban el diálogo como herramienta de comunicación. Se daban cuenta de que su voz importaba y que merecía ser escuchada del mismo modo que la del resto de compañeros y compañeras. Es un espacio de crecimiento que ayudaba al alumnado a ponerse en el lugar del otro, a gestionar los conflictos con empatía y a construir relaciones más sanas y respetuosas. Saber que forman parte de un grupo que vela por el bienestar de todos los compañeros les da seguridad y autoestima. En este sentido, es una manera de sembrar semillas de convivencia que, sin duda, darán fruto en el futuro.»
Otra maestra, ya jubilada, valora la evolución de la convivencia del colegio, tomando como referencia el momento en que se decidió que en nuestra escuela nos basaríamos en las evidencias científicas para conseguir espacios seguros para los niños y niñas:
«No voy a decir que desaparecieron los conflictos, pero doy fe, porque eso lo he vivido yo en mi clase y en mi centro, de que los conflictos graves disminuyeron, que los niños venían contentos y felices a clase y aprendían ayudándose y respetando las diferencias de unos y otros, y que los adultos, familias, padres y madres que entraban a colaborar en clase se quedaban boquiabiertos de ver cómo se hablaban y resolvían los problemas, incluso en la etapa de infantil, que era donde yo estaba trabajando en estos últimos años de mi vida profesional.»
El trabajo en una escuela es intenso. Realizarlo viendo cómo el alumnado se respeta, se hace respetar y soluciona los conflictos de forma pacífica, igualitaria y considerada hace que valga la pena el esfuerzo. La aplicación del MDPRC nos ayuda a construir un futuro mejor para la infancia de hoy, que sabrá cómo resolver los conflictos sin violencia en el futuro. Ellos y ellas posibilitarán que el cambio que los y las docentes hemos podido observar en nuestra escuela se transfiera a una sociedad mejor, que será posible si la llenamos de personas que no miran hacia otro lado cuando son testigos de violencia.
Imagen: Freepik
Maestra de primaria y de educación musical. Directora del CEIP Eres Altes de Riba-roja de Túria
