La ley de No Child Left Behind (NCLB)  que se aprobó por el Congreso en EEUU en 2002 representó un avance para aquellos niños y niñas que necesitaban apoyo sin tener en cuenta la raza, renta, código postal, discapacidad, lengua materna ni origen. La finalidad era preparar a todo el alumnado para que tuviera éxito en la universidad y en sus carreras. Esta ley contenía programas que simplemente estaban basados en investigaciones, sin necesidad de que fueran efectivos. Por esto mismo se aprueba una nueva ley. La NCLB queda reemplazada por la nueva ley Every Student Succeeds Act (ESSA) en diciembre de 2015 y firmada por el Presidente Obama. El potencial revolucionario de esta nueva ley, ESSA, implica que se promueva la financiación de programas y el uso de estrategias con evidencias de impacto, que realmente sean efectivos. 

Para poder consultar prácticas y programas con evidencias de impacto, el Center for Research and Reform in Education (CRRE) de Johns Hopkins University School of Education ha creado la página web gratuita de evidencias para la ley ESSA que puede consultar cualquier persona: escuelas, políticos y políticas, profesorado, familias y ciudadanía comprometida. El objetivo principal es abastecer de programas que cumplen con los estándares de la ley ESSA y poder elegir las herramientas más efectivas para mejorar el éxito del alumnado. 

Se pueden consultar los siguientes apartados: lectura, escritura, matemáticas, ciencia, asistencia (para combatir el absentismo), y programas relacionados con el aprendizaje  socioemocional. Se puede concretar, por ejemplo, seleccionando la categoría de “lectura en primaria”,  o “matemáticas en secundaria”, etc. Incluso se podrían consultar programas que se han evaluado en colegios de características similares al centro al que se pertenece, desde infantil hasta bachillerato. 

Cuando se consulta un programa, como por ejemplo Success for All, se puede ver en qué niveles se lleva a cabo, número de estudios que se han realizado, número total de estudiantes que han participado (muestra) y los grupos que han participado (personas afroamericanas, con inglés como segunda lengua, alumnado con becas, de educación especial, etc.), si se ha realizado el estudio en comunidades rurales o urbanas, la descripción del propio programa, los resultados, el personal que requiere para implementar el programa, la formación y talleres, si es necesario el uso de tecnología, datos de contacto, el coste del programa por estudiante y para la formación… Además en “key studies” ofrece una bibliografía para poder consultar y profundizar sobre el programa elegido. 

Hay un apartado (What Works Clearinghouse) que lleva a una página web, también del gobierno estadounidense, para seguir buscando información necesaria para tomar decisiones, basadas en evidencias, en las clases y en las escuelas (como por ejemplo “Building Blocks” en matemáticas, que ha demostrado un impacto positivo en los resultados de matemáticas en educación infantil). En esta última página web se pueden consultar guías prácticas, como la que contiene 7 recomendaciones para preparar bien a los niños y niñas de infantil para entrar en primaria. Cada una de las recomendaciones a su vez muestra el grado de evidencia, es decir, si es fuerte o moderada. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, respecto a la información que se encuentra en What Works Clearinghouse, no está comprobado que todo cumpla con los requisitos de la ley ESSA. 

En todo el mundo están creciendo las iniciativas, plataformas y normativas que promueven y demandan que la educación, como el resto de ámbitos que son claves para el progreso social, se base en evidencias científicas; pero no en cualquier investigación, sino en aquellas que demuestran que superan los problemas de la ciudadanía, que mejoran sus vidas, es decir, las evidencias científicas con impacto social.

[Imagen: evidenceforessa.org]

Por Teresa Vázquez

Maestra de primaria y especialista de inglés