Soy maestra de educación infantil y pronto comenzaremos un nuevo libro para hacer tertulias literarias dialógicas en clase. Este curso leeremos Robinson Crusoe y Veinte mil leguas de viaje submarino. Empiezo con mucha ilusión porque tengo las aliadas perfectas para conseguir que esta actuación educativa sea un éxito: las familias. Sin ellas no podría conseguirlo.
Sé que no ha sido un camino fácil para ellas, y que muchas veces les han asaltado pensamientos o dudas:
«me resulta imposible preparar la tertulia con mi hijo»
«los libros son demasiado difíciles, no los entienden»
«hay vocabulario que ni yo entiendo»
«cuando le pregunto qué le ha llamado la atención para compartir en clase, no me sabe decir nada…»
Es normal, y a lo largo de este artículo veremos cómo hemos ido solventando estas dudas. Lo que admiro de ellas es que nunca se han rendido: han confiado en mí, me han preguntado todo lo necesario e incluso han concertado tutorías conjuntas con sus hijos para aprender a hacer una lectura dialógica. Han hecho de todo menos tirar la toalla. Precisamente por eso, quiero compartir aquí algunas claves de cómo lo hacemos en el día a día, para que cualquier familia pueda aplicar estas sencillas pautas en casa.
Cuando nos enfrentamos a la lectura de un clásico en casa, la primera pregunta que nos viene a la cabeza es obvia: ¿por qué un libro tan complicado y no uno adaptado a su edad? La respuesta es sencilla. Los clásicos son las mejores obras de la literatura: nos ofrecen el mejor vocabulario, abordan los grandes temas de la vida y abren puertas a la inclusión social.
Una vez que nos convencemos de por qué elegimos ese libro y no otro, llega el momento de sentarse a leer el fragmento de la semana. No hace falta que sea el niño o la niña quien lea el texto; podemos leerlo los adultos en voz alta mostrando un modelo correcto de lectura. Nuestra tarea como familias es ir parando al final de cada párrafo y explicando con nuestras propias palabras lo que acabamos de leer.
No pasa nada si no entendemos todo. De hecho, es bueno que nos vean dudar. Podemos decirle a nuestro hijo con naturalidad:
«mira, en todo este párrafo, lo que está haciendo el personaje son cálculos para ver cómo llegar a la Tierra», o «esta frase no la entiendo muy bien, vamos a seguir leyendo a ver si le encontramos el sentido».
Si hay palabras raras, las buscamos; y si hay otras que no influyen en la historia, se lo transmitimos así.
Por ejemplo: «aquí está describiendo el barco, todas estas palabras son simplemente las diferentes partes de la nave, no nos hace falta saber cuáles son».
A lo largo de la lectura debemos ir parando y conversando con ellos y ellas:
«¿qué te ha parecido lo que ha hecho este personaje?», «¿tú habrías hecho lo mismo?», «¿por qué piensas que habrá actuado así?»
Además, también podemos anticiparnos:
«¿qué crees que va a pasar ahora?», «¿en este momento qué harías tú?»
Esa es la verdadera lectura dialógica, no el mero hecho de subrayar una frase.
Al terminar, cuando les preguntamos:
«¿qué te ha llamado más la atención?» o «¿qué parte quieres compartir mañana en clase?», es normal que se queden en blanco.
No es porque no quieran participar, sino porque les cuesta procesarlo. Ahí es donde entramos nosotros para darles opciones:
«vamos a recordar lo que hemos hablado… Hablamos de esto y de esto otro, ¿te gustaría elegir alguna de las dos?»
Incluso podemos guiarles hacia temas que sabemos que van a enriquecer el diálogo en la tertulia:
«a mí me ha llamado la atención esta frase. Mira, entre decir en clase «no me parece bien que mienta para ayudar a su hermana» o decir «me ha gustado el columpio porque a mí me gustan los columpios», las dos son válidas, pero la primera va a generar un debate interesante con tus compañeros porque no todos van a pensar igual».
Nuestra actitud al ponernos a leer va a ser determinante. Si lo enfocamos con calma, se convierte en un momento mágico: una oportunidad única para hablar con nuestros hijos e hijas de temas que de otra forma jamás saldrían en el día a día, ampliando el vocabulario y la complicidad entre ambos.
Por todo esto, solo me queda decir gracias. Gracias a todas las familias por su valentía, por abrir las puertas de casa a los clásicos y por regalarnos su tiempo. El verdadero éxito de estas tertulias no es que todo salga perfecto a la primera, sino el camino que recorremos juntos. Cuando escuela y familia formamos un equipo, el aprendizaje y el futuro de nuestros niños y niñas no tienen límites.
Imagen: Magnific
Maestra de educación infantil en el colegio Padre Manjón de Elda y miembro de la tertulia pedagógica dialógica de Elda "A hombros de gigantes"
