Un halo de esperanza para niños y niñas con TEA y sus familias

8- Consideraciones finales

[Esta es la continuación de un artículo anterior]

La experiencia ha demostrado que el estudiante es capaz de aprender cualquier contenido, aunque sea de manera muy superficial, aplicando las medidas aquí recogidas. Tardó cerca de 4500 saludos para poder aprender a saludar al pasar lista. Esto demuestra que la persistencia y la esperanza, o expectativas altas, son clave para mejorar las condiciones de este alumnado. Sus avances y el trabajo conjunto con profesionales hicieron que muchos niños y niñas sin necesidades educativas desarrollaran también sus capacidades cognitivas, lingüísticas (incluso en lengua extranjera) y afectivas: cuanta mayor dificultad para guiarle, mayor aprendizaje para el igual tutor. Hasta algunos de los compañeros y compañeras han llegado a expresar su deseo de convertirse en profesores de niños y niñas con dificultades en el futuro.

Creo que gustará saber algunas de las palabras más bonitas que un docente puede recibir. Estas palabras me las dijo una compañera al ver los avances del protagonista de este artículo, textualmente: 

«¿Sabes? Cuando estaba embarazada de mi segundo hijo estaba preocupadísima por si salía con un problema parecido; pero al ver cómo mejoraba contigo, perdí el miedo, pues sabía que se podía hacer algo.»  

Siento que son palabras poderosísimas que pueden ayudar a empoderar a múltiples familias que se sienten perdidas y aisladas por la falta de mejoras en los niños con necesidades tan acuciantes.

Ilustración: Texto en el diario personal por su cumpleaños.

El trabajo relatado me ha requerido un inmenso esfuerzo. La pregunta es evidente: “¿Ha merecido la pena?” Y la respuesta es igualmente directa: “Cada segundo”. Durante mi vida, a veces, miraré hacia atrás y recordaré cómo una vez tuve la posibilidad de mejorar las condiciones de vida de una persona menor de edad con las máximas dificultades en mitad de una pandemia global. Experimentaré un sentimiento de realización, pues sabré que habré trascendido en la mejora de la vida de una persona que no podía pedirlo ni encontraba forma de hacerlo. No sabré dónde estará, pero sabré que su vida habrá sido un poco menos difícil y con eso me bastará. Creo que es un sentimiento que debe ser compartido, por ejemplo, a través de estas palabras.

Redacto estas palabras, precisamente, en el Día del Maestro (San José de Calasanz) y me parece una buena manera de invertir el día libre si es con tal de ofrecer esperanza a otras familias y docentes. Porque la hay, siempre la hay. Esa esperanza es accesible para todos y todas, y la evidencia científica puede contribuir críticamente a mejorar nuestras vidas y la de los demás. Parafraseando uno de los principales lemas de Comunidades de Aprendizaje, en este texto y su publicación se recoge la transformación de muy serias dificultades en una hermosa posibilidad: compartir esta experiencia con otros familiares y profesionales.

Por último, me dirijo a todo lector o lectora que conozca o esté en situaciones similares a la que aquí he descrito. Tened esperanza. Siempre la hay. Siempre hay posibilidades y alternativas para toda dificultad. Y guste o no, sea popular o no, la evidencia científica puede otorgar esa posibilidad. Aquí se ha redactado un ejemplo extremo: uno de máximas dificultades. Algunos impedimentos han sido descritos, otros no, pero todos han sido superados gracias a la implementación de la evidencia científica en educación. Ojalá nadie tenga que verse obligado a realizar nada similar, pero estoy seguro de que, si ocurre, esta experiencia y la evidencia científica le pueden aportar ese halo de esperanza que tanto anhela.

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Por Javier Pérez Bermejo

Maestro especialista en lengua extranjera (inglés) en un colegio público de la comunidad autónoma de la Región de Murcia