Close-up shot of hard-working university students sharing ideas with each other concerning their joint project while sitting at modern classroom

Diferencias entre stress y distress en el aprendizaje

Desde hace unos años hemos oído en medios de comunicación, charlas educativas y redes sociales a “especialistas” en el ámbito educativo divulgar neuroedumitos en sus intervenciones; algunas de esas falsas creencias están relacionadas con el esfuerzo y la intensidad en el aprendizaje. En esta entrevista, Sandra Racionero ya dejó claro que diseminar este tipo de creencias hace que se imposibilite el máximo desarrollo cognitivo de algunos estudiantes.

Una de esas extendidas ocurrencias es la idea de que el fomento de la lectura y escritura en las primeras edades, ampliar el tiempo de aprendizaje o la realización de deberes o tareas, entre otros aspectos, son fuentes de estrés que impiden el aprendizaje por el esfuerzo que requieren. De ahí aparece uno de los neuroedumitos más comunes: la idea de que el cerebro debe aburrirse para poder desarrollarse.

En este artículo científico se demuestra cómo el cerebro necesita interacciones y entrenamiento para generar estimulación de alto nivel, con ayuda de la repetición para lograr el mejor desarrollo. Estas evidencias desbancan cualquier idea que relacione el aprendizaje con un aumento del estrés tóxico, también conocido como distress.

Tomando como base la evidencia científica podemos conocer que no todo el estrés es perjudicial para el desarrollo, pues aquello que cuesta un esfuerzo pone en “stress” a la persona para poder avanzar ante un reto: esfuerzo, intensidad, dificultad, son necesarios para progresar en el aprendizaje y en el desarrollo. En cambio, el estrés tóxico, que surge de las relaciones e interacciones tóxicas y no por la realización de esfuerzos cognitivos, no puede ser remediado con la opción de dejar de estimular, de crear momentos de aburrimiento o de eliminar los deberes. 

Por el contrario, la clave para paliar los efectos nocivos del distress está en desarrollar un entorno de relaciones sólidas, estables y seguras con amistades, familiares, cuidadores y personas de la comunidad, con relaciones sociales y laborales de solidaridad y con retos a lo largo de nuestra vida. 

Gracias a estos conocimientos podemos analizar, revisar y tomar conciencia de nuestro entorno, así como tomar las evidencias científicas de impacto social para poder elegir libremente el tipo de relaciones que queremos para nosotros y para las personas que nos importan. 

[Imagen: Freepick]

Por Francisco Orgilés

Maestro de música y primaria en el colegio Virgen de la Salud de Elda