Mientras en este mes de mayo los elegantes funcionarios celebran la educación inicial (en otros lugares denominada educación infantil o preescolar) entre discursos, globos, aplausos y desfiles de niños y niñas sonrientes junto a sus maestras, más de 400 mil menores pobres del Perú observan esa alegría desde lejos, desde sus montañas y caminos polvorientos o desde las rendijas de sus humildes moradas sin desayuno. Miran en silencio, soñando ponerse un uniforme, una mochila y tener una maestra que los abrace con cariño y amor.
Sin embargo, en medio de este dolor humano, el mundo dominado por la inteligencia artificial, la robótica y los avances científicos exige personas cada vez más preparadas, olvidando en muchas ocasiones que el verdadero futuro de la humanidad nace en la primera infancia. Es allí donde los niños y niñas aprenden a pensar, crear y amar.
En este contexto, cobra aún más importancia reconocer el valor de esta etapa educativa y la necesidad de garantizar su acceso para toda la infancia. Por ello, el Perú celebra cada 25 de mayo el Día de la Educación Inicial, siguiendo los postulados de la UNESCO y el legado de María Montessori. Esta fecha honra la memoria de Emilia y Victoria Barcia Boniffatti, quienes en 1931 fundaron el primer jardín público de infantes del país con el propósito de impulsar una educación gratuita y accesible para los niños y niñas más humildes.
La educación inicial desarrolla el aprendizaje desde la primera infancia. Además, múltiples investigaciones han mostrado que el acceso temprano a una educación de calidad puede influir positivamente en el desarrollo cognitivo, emocional y social de las personas. Sin embargo, Perú y muchos países en vías de desarrollo aún no comprenden plenamente el potencial transformador de esta etapa educativa. Esta realidad peruana se refleja en 2025, cuando el Minedu y el INEI informaron que más de 400 mil niños y niñas de 3 a 5 años no asisten a educación inicial, principalmente de sectores pobres y marginados.
Esta triste realidad responde a múltiples factores sociales, económicos y educativos que afectan especialmente a la infancia más vulnerable. La pobreza, la desigualdad territorial y las dificultades de acceso a servicios educativos adecuados continúan profundizando la exclusión. Miles de niños y niñas crecen sin oportunidades suficientes para desarrollar plenamente sus capacidades, debilitando así el capital humano del país. Lo más triste es pensar que, entre esos niños olvidados, podrían encontrarse futuros científicos, líderes y grandes personas capaces de mejorar nuestra sociedad.
Para construir una sociedad más equitativa, debemos garantizar que todos los niños y niñas de 0 a 5 años accedan a una educación infantil de calidad. Esto requiere no solo voluntad política, sino también inversión sostenida, formación docente, infraestructuras adecuadas y políticas públicas que reduzcan las desigualdades desde los primeros años de vida. Solo así sembraremos felicidad y luz en el camino de la humanidad.
Imagen: Magnific
Licenciado en educación por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú) y máster en Ciencias pedagógicas por la Universidad de La Habana. Profesor de postgrado en varias universidades desde el 2015. Miembro del Comité científico en varias revistas científicas indexadas y coautor de artículos en Scopus, Scielo y Latindex.
