También las familias podemos estimular carreras matemáticas y científicas

“Las matemáticas están por todas partes”, oímos de vez en cuando en algunos foros. Y los padres y madres que no sienten placer por las matemáticas piensan “Oh, no, ¿dónde están?”. También, en muchas ocasiones, escuchamos a personas decir que son de letras o de ciencias o de matemáticas, aunque ya sabemos que todo ello depende, casi exclusivamente, de las interacciones anteriores que nos han hecho pensar eso, lo cual ahora sabemos que lo podemos cambiar a cualquier edad, si de verdad lo deseamos.

De cara a los más pequeños y pequeñas, en educación, han proliferado en los últimos tiempos iniciativas de todo tipo con la idea de hacer llegar los contenidos matemáticos de una manera más “amable”. Pero debemos tener cuidado con algunas de estas iniciativas, que están teniendo mucho éxito entre el profesorado, ya que, lejos de mejorar los resultados de los niños y la niñas, en muchas ocasiones ocurre más bien lo contrario.

Para promover las matemáticas es importante tener en cuenta las interacciones que tenemos las personas cuando hablamos sobre ellas y las trabajamos, ya que si, desde las primeras edades, las personas adultas (madres, padres, hermanos, abuelos…) estamos pendientes de estimular, de jugar, de impulsar ideas lógicas y matemáticas que existen en todos los aspectos de la realidad, estaremos favoreciendo el atractivo hacia las matemáticas de una manera natural. Por ejemplo, cuando hacemos un viaje largo, podemos ir buscando en las matrículas de los coches los números que aparecen; fijarnos en las formas de las señales de tráfico que vamos encontrando en el camino; la velocidad que marcan esas señales y la que indica nuestro vehículo; con cuántos coches rojos, azules, blancos nos vamos encontrando… Cosas tan sencillas nos ayudan a tener las matemáticas presentes y a hablar sobre ellas con cierto interés y divertimento.

En edades más avanzadas, aprender matemáticas no solo dependerá de los juegos y la estimulación, sino también del aprendizaje y del estudio, palabras que no deben estar denostadas, porque suponen superación de retos y mejoras individuales y colectivas. En la etapa de educación infantil este esfuerzo puede estar relacionado con el juego, sí, pero a la vez con la reflexión y la curiosidad. 

Las demostraciones, las formas que existen en la realidad, los problemas lógicos, los números, las cantidades… Es verdad que están por todas partes, solo hace falta que lo tengamos presente porque como familiares, pero también como profesionales, podemos estimular carreras científicas y el atractivo hacia los números, las medidas de longitud, las de peso y masa, los cálculos y la resolución de retos y problemas que impulsen el gusto por el conocimiento, por las matemáticas, por la ciencia y por la investigación. 

Las familias podemos aportar grandes avances, en este sentido, si tenemos en cuenta que nuestro papel resulta muy importante. Si participamos con la mirada positiva hacia las matemáticas, jugando en actividades en las que hay contenidos matemáticos, o contando historias en las que las matemáticas son entretenidas… todo ello predispone a los niños y a las niñas a comprender mejor los conceptos matemáticos. Además, si las familias sabemos que en cualquier lugar puede surgir alguna idea relacionada con las matemáticas o la física (el cielo, el mar, los edificios, las señales de tráfico, las etiquetas del supermercado, etc.), se genera un sentido amable y profundo, no solo de su uso sino también de su valor en la sociedad.

Necesitaremos muchas carreras científicas para seguir aportando conocimiento al mundo del futuro y eso empieza desde la etapa de educación infantil.

[Imagen: Freepik]

Por Elísabet Gómez

Maestra de educación infantil y primaria