Indudablemente, somos los responsables de construir una sociedad consciente para el mañana si nos esforzamos en educar a niñas y niños solidarios y reflexivos desde la escuela y el hogar. Se aprende a ser padre o madre en el camino, entre tropiezos, inocentes preguntas y tiernas sonrisas. Aunque no lo crean, son las niñas y los niños quienes, con su inocencia, nos enseñan a ser padres y mejores personas.

No todo es bonito. De acuerdo con las Naciones Unidas, millones de niñas y niños enfrentan pobreza, desnutrición, falta de acceso a salud y educación, además de violencia, discriminación y explotación. Su situación se agrava aún más por los conflictos, la exclusión social, los maltratos, el impacto del cambio climático y la brecha digital, factores que en conjunto oscurecen su futuro.

En el Perú, al igual que en muchos países, se celebra el Día del Niño cada tercer domingo de agosto, mientras que la ONU conmemora universalmente el Día Universal del Niño cada 20 de noviembre. Usualmente, este aniversario es celebrado con paseos, juegos, actividades divertidas, visitas a los parques y regalos, pero ¿qué de aquellas niñas y niños que no experimentan estas emociones?

Además de los regalos, es importante que en esta conmemoración nos preguntemos: ¿todas las niñas y todos los niños asisten a la escuela?, ¿les enseñamos la pedagogía del amor y potenciamos sus mentes?, ¿con nuestro ejemplo de vida les mostramos cómo ser mejores personas?, ¿reflexionamos sobre la situación de los niños y niñas huérfanos, de quienes viven en la pobreza y de aquellos con discapacidad?

Es así que, para la población infantil de 5 a 12 años, UNICEF nos recomienda que asumamos como estilo de vida la responsabilidad de protegerlos y formarlos con amor y sin violencia. Démosles buen trato, promovamos el cultivo de sus derechos y ayudémoslos en su desarrollo íntegro, reconociéndolos como sujetos libres y no como propiedad de los adultos.

Querer a la niñez no significa darle un celular a temprana edad, ya que, lejos de beneficiarla, la estamos convirtiendo en consumidora de contenidos irrelevantes, con riesgos que afectan negativamente su futuro. El uso excesivo y sin control de celulares en la infancia, según expertos y organismos internacionales, limita talentos innatos y puede acortar su potencial creativo. La Organización Mundial de la Salud y UNICEF recomiendan evitar las pantallas en menores de 2 años y limitar su uso en la niñez, siempre acompañado por adultos, porque un exceso de exposición se asocia con problemas de sueño, dificultades de atención y sedentarismo. La Academia Americana de Pediatría también advierte que el tiempo frente a pantallas debe equilibrarse con actividad física, juego al aire libre y relaciones sociales reales, fundamentales para el desarrollo integral.

Por tanto, démosles felicidad a las niñas y los niños en sus años maravillosos, para que cuando lleguen a la adultez transmitan amor y felicidad a los demás.

Imagen: Freepik
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Licenciado en educación por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú) y máster en Ciencias pedagógicas por la Universidad de La Habana. Profesor de postgrado en varias universidades desde el 2015. Miembro del Comité científico en varias revistas científicas indexadas y coautor de artículos en Scopus, Scielo y Latindex.