En clase, en la escuela, todos los actos comunicativos cuentan. En las aulas, en el pasillo, en el patio, en el momento de la entrada o la salida de la escuela o del instituto… La forma en la que nos relacionamos, también en estos instantes, tiene un impacto en el vínculo entre personas, pero también en los aprendizajes del alumnado.

Un gesto, una forma de mirar, en un momento determinado, puede aumentar la confianza de otra persona, puede promover un tipo de respuesta más comprensiva o puede facilitar el diálogo en otro instante. También, una mirada o un gesto pueden generar coacción, presión, miedo o menosprecio. En alguna ocasión, entre alumnado, una mirada puede coaccionar la respuesta de alguien, ante una situación de conflicto o ante un posicionamiento. 

Un niño, X, en clase, comenta que otro niño, Y,  ha estado molestando a J en el patio. Cuando están ante la maestra, hablando sobre lo que ha sucedido, Y lanza una mirada fija, profunda a X y al resto de chicos, mostrando de manera muy agresiva su voluntad de que dejen de hablar y que le cubran. Las caras de X y del resto se convierten en un poema. Se hacen conscientes de la agresividad y de las consecuencias a las que se exponen. Aun así, siguen hablando del tema. La maestra se da cuenta de los actos comunicativos de poder, toma posición, lo comenta con el resto y consigue quitar fuerza y atractivo a Y. El grupo se une, se planta ante la presión, le dicen que no se lo permiten, que diga la verdad y que, de este modo, con estas actitudes, no va a contar con amistades, se va a quedar solo. 

Un gesto, una mirada, pueden ser actos comunicativos llenos de argumentos; pueden ayudar a valorar a otras personas haciéndolas sentirse especiales, acertadas, atractivas; pueden procurar la confianza interactiva para llevar a cabo acciones valientes, solidarias y llenas de sentimiento. Miradas de complicidad en momentos clave de actividades en el aula, que contienen respeto y verdad, accionan resortes que ofrecen seguridad a un compañero o compañera para poder responder con calma, para poder perder el miedo a participar en público o para responder con seguridad ante un ataque o una coacción.

El profesorado tiene un doble papel ante este tema: el de promotor de actuaciones que garanticen que las interacciones serán dialógicas, basadas en la igualdad, la libertad y la solidaridad; y el de interactuar con el alumnado y con el resto de personas de la comunidad de manera que las relaciones se alejen de la coacción y la violencia.

[Aquí todos los artículos de la serie “Cómo nos comunicamos”]
[Imagen: Freepik]

Por Josep Maria Canal

Maestro de educación especial y primaria. Profesor de la Universidad Internacional de Valencia. Sus líneas de investigación incluyen las Actuaciones Educativas de Éxito, la inclusión educativa, las Nuevas Masculinidades Alternativas y la socialización preventiva de la violencia de género.