¿Cómo podemos prevenirla?

El concepto “procrastinación académica” hace referencia al hecho de “retrasar habitualmente el trabajo con tareas académicas en la medida en que los retrasos se vuelven perjudiciales para la realización de las mismas, el bienestar y la salud

Puede ser habitual encontrarse con estudiantes que perciban la ejecución de tareas académicas como una montaña y que retrasen la ejecución de las mismas o del estudio con las consiguientes consecuencias negativas que tiene para ellos y ellas. La buena noticia es que desde los centros educativos podemos actuar para disminuir la procrastinación académica. Las medidas preventivas y resolutivas deben hacer hincapié en los factores situacionales, sociales, culturales, organizacionales y contextuales comunes en los entornos académicos, ya que influyen directamente en la procrastinación.

En este sentido las investigaciones apuntan que las condiciones de estudio deben estar bien definidas y estructuradas para favorecer el desarrollo del aprendizaje y la autorregulación en el proceso del mismo. Es importante que el alumnado perciba que es capaz de gestionar esa tarea (autoeficacia), que aumente su responsabilidad al ejecutarla y que se programe un seguimiento de las actividades académicas: 

Organización y estructura de la materia a estudiar: presentar y clarificar contenidos, objetivos a alcanzar en relación con los resultados esperados, materiales y recursos disponibles, horarios, distribución y secuenciación de las tareas… 

Relacionar la ejecución de las tareas con el proceso de aprendizaje: ayudarles a planificar, a priorizar tareas y estrategias de aprendizaje metacognitivo. Cuando el  alumnado comprende la lógica de aquello que va a aprender, aumenta su sentimiento de competencia en aquello que va a realizar.

La motivación juega un papel clave, ya que influye directamente en la procrastinación. Carecer de las habilidades de estudio adecuadas promueve la desmotivación y, en consecuencia, el rechazo hacia las tareas académicas. En este sentido, es beneficioso establecer submetas con el propósito de andamiar el aprendizaje y ayudar al alumnado a mejorar su autoeficacia, su rendimiento y su reflexividad. Las actividades que requieren ir alcanzando objetivos específicos propician una mayor percepción de autoeficacia en el alumnado y generan sentimiento de relación con el resto del grupo. Poco a poco se seguirán aumentando los retos cognitivos, el nivel y la dificultad hacia el resultado esperado.

El trabajo entre iguales  puede reducir la procrastinación académica cuando, además de seguir los aspectos anteriores, se fomenta el apoyo social, la reflexión grupal, la autoestima y la salud. Asimismo, para que el trabajo en grupo sea eficaz, tiene que haber interdependencia entre las respectivas personas;  tener conciencia de que el esfuerzo de cada persona proporciona buenos resultados a nivel colectivo, individual y viceversa, aumenta la implicación y la responsabilidad para empezar, comprender y terminar los trabajos. Las experiencias de aprendizaje exitosas y frecuentes incrementan la autoeficacia.

Algunas modas en educación siguen fomentando la ocurrencia de que, dejando al alumnado aprender de manera “libre” y en función de sus preferencias, aumenta la autonomía y la construcción del conocimiento. Las evidencias científicas, por el contrario, nos muestran que el aprendizaje no depende de estilos ni de “innovaciones”.

 [Imagen: Freepik]

Por Isabel Bixquert

Maestra de primaria, colegio Profesor Luis Braille (Valencia). Participante de la tertulia pedagógica dialógica "A Muscles de Gegants"