La novela La uvas de la ira fue distinguida con el premio Pullitzer en 1940 y su autor John Steinbeck fue galardonado con el premio Nobel de Literatura dos años después. Esta excelente obra literaria cuenta el drama que vivió la familia Joad, junto a otros miles de familias durante la Gran Depresión, cuando se ven obligados a abandonar sus tierras en Oklahoma hacia California con la esperanza de encontrar trabajo.

Uno de los temas transversales que trata esta magnífica y desgarradora historia de supervivencia es la resolución de los conflictos, puesto que estos aparecen continuamente dentro y fuera del núcleo familiar. Varias situaciones violentas y de abuso se suceden a lo largo de la obra perpetradas por varios personajes, entre ellos Tom Joad, el protagonista, o los ayudantes del sheriff. Todas estas situaciones se resuelven con violencia y acaban creando problemas a la familia. Pero los Joad se establecen durante un tiempo en unos campamentos del gobierno llamados “weedpatch”, campamentos limpios donde las personas son tratadas dignamente, donde existe una cultura colaborativa, donde se tiene en cuenta la opinión de la comunidad que allí vive y donde los conflictos se intentan resolver de forma dialógica y pacífica.

Una de las situaciones de agresión que ocurre dentro del campamento es protagonizada por Ruthie, la hija menor de los Joad. La niña llega con su familia a los campamentos y va a dar un vistazo con su hermano. Al final de la hilera de tiendas ve un terreno aplanado donde un grupo de niños está jugando al cróquet. Ruthie se dirige hacia los pequeños y los pregunta si pueden jugar. Una de las niñas le contesta: “podéis jugar la próxima partida”. A Ruthie no le parece bien la respuesta, entra a la pista y empuja, pega y le quita el mazo a la niña. Después de esta situación violenta, el grupo de niños y niñas van dejando sus mazos en el suelo y van saliendo de la pista. Los niños la miran desde fuera del terreno de juego y ella les grita y les amenaza para que entren a jugar. Finalmente, Ruthie, desesperada, tira el mazo y huye llorando. Una mujer, que había estado observando la escena, les dice: ”cuando vuelva la niña y quiera portarse bien, dejadla jugar”.

Esta escena podría suceder en aquellos centros donde el alumnado se une en clubes de valientes violencia cero y sus miembros se comprometen a hacer frente a la violencia sin tener que hacer uso de ella. Además, no juzgarán al agresor sino su conducta, volviendo a contar con él o ella cuando esta cambie.

Steinbeck nos muestra una manera comunitaria de intervenir ante los conflictos. En los “weedpatch” se realizan asambleas y comités que requieren la participación de todos y todas. La solidaridad entre los miembros de la comunidad también se hace evidente en muchas de las situaciones explicadas por el autor. Y, como se observa en la escena descrita, estos enclaves se convierten en espacios seguros donde se garantiza una mejor convivencia entre sus habitantes. Los asentamientos del gobierno con esta forma democrática y respetuosa de gestionarse ayudan a la familia Joad a mantener la esperanza en un mundo más justo. Del mismo modo, los centros educativos que deciden aplicar un modelo comunitario, como es el modelo dialógico de prevención y resolución de conflictos, pueden transformar en una realidad la esperanza de una mejor convivencia en sus instituciones.

Por Begoña Flos

Licenciada en psicopedagogía. Maestra de PT y primaria en el CRA Araboga y miembro del seminario "A hombros de gigantes" de Castellón